Capítulo 4: Cinco anécdotas y una cura de humildad

Así es imposible concentrarse.

Como cada mañana, intento despertarme antes de que se despierte el día y me atropelle con todas sus exigencias. Los días están tan llenos que parecen eternos, y a la vez, no te alcanzan las horas para todo lo que quieres hacer. Normalmente trato de encontrar al menos un momento de paz y tranquilidad para sentarme en el pequeño porche de mi casita, para detenerme simplemente a mirar. A respirar. A escuchar. A sentir que estoy viva, que estoy viva aquí. Que vivo aquí ahora..

Hace unas semanas me mudé. El campus en el que vivo está dividido en tres zonas: en un extremo se encuentra la zona de los voluntarios, mejor conocida como Mordor, porque está un poco a tomar por saco de todo lo demás (sí, no existe vinculación alguna entre los voluntarios y los orcos de Mordor :P). Enfrente de la cantina, en la zona del medio, está la Tierra Media, que es la zona donde colocan a los visitantes, donde estuve viviendo la primera semana. Por último, la zona Beverly Hills (sí, una decepción muy grande que no lo llamen La comarca, yo tampoco entiendo nada), que es donde viven las familias de indios que trabajan en la Fundación. Resulta que había una habitación libre en la “Guest House”, o “Gran Hermano”, como le llaman a veces a la casita de invitados que se encuentra en esta última zona, y me han metido ahí. Y lo cierto es que me mola bastante. Es verdad que estoy un poco alejada de mis compis de Mordor, pero a la vez lo suficientemente cerca de la cantina para los momentos en los que me apetezca comer, o en su defecto, hacer vida social (que conforme van pasando los frenéticos días, van empezando a ser cada vez menos…).

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Desde el porche de la Guest House, mi nueva casita

Pero me resulta imposible concentrarme. Hay un cuervo impertinente posado en una cerca de madera, muy cerca mío, que no para de graznar de forma muy molesta. Ya le he tirado mis dos chanclas e incluso me me he levantado un par de veces para echarle, pero creo que no se da por aludido. Al final decido resignarme. Al fin y al cabo, seguramente tiene todo el derecho a estar ahí, en su lugar de siempre. Supongo que la verdadera intrusa soy yo..

Incapaz de concentrarme lo suficiente como para escribir reflexiones muy profundas, creo que hoy aprovecharé esta entrada para contar brevemente algunas anécdotas curiosas de mi día a día en el país del caos absoluto. 

1. Mi umbral de la higiene se ha reducido considerablemente. Si alguna vez vienes a India, ven mentalizado de que estás decidiendo voluntariamente sumergirte dentro de un cubo de basura en el que vas a tener que respirar, dormir, comer, y en general, hacer vida normal. Los primeros días eres consciente de que todo está sucio y vives caminando de puntillas, lavándote las manos cada cinco minutos y casi intentando no respirar muy fuerte. Bueno, después de las primeras semanas ya estoy lavándome los dientes con agua del grifo, comiendo sentada al lado de un perro,  caminando descalza, acariciando cabras, vacas y gatitos por la calle, comiendo con la mano… e incluso (creo que es lo más asqueroso que he hecho hasta ahora), comiendo de la mano de otra persona. Sí, hubo un día en que una de mis alumnas indias estaba comiendo una especie de yogurt espeso de color marrón con unos fideos extraños (ya de por sí, el aspecto no era muy apetecible que digamos), y me ofreció, claro, probar un poco. Le dije que claro, cómo no (por lo general en esta cultura se entristecen un poco cuando rechazas cualquier cosa que te ofrecen), sin considerar por adelantado que la “cucharada” de ese potingue asqueroso que me ofrecía venía directamente de su mano…

Pendiente de aprender a lo largo de mi vida: saber decir “no” de vez en cuando.

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2. Ahora hablo tres idiomas: español, inglés, e inglés indio. Es increíble, he venido como profe de inglés y he acabado aprendiendo yo un nuevo inglés. El inglés de los indios, que es muy suyo, una mezcla extraña entre el inglés, y en este caso, el telugu. Yo pensaba que sería capaz de mantener el inglés que tanto tiempo me ha llevado cultivar a lo largo de estos años, y bueno, no lo he perdido del todo pero he aprendido a que tengo que cambiar de registro dependiendo del contexto. Cuando estoy con mis alumnos soy la teacher, así que me pongo en el papel y actúo como tal, haciendo todo lo posible por ejemplificar un buen acento inglés (¿?). Pero cuando salgo a la calle, ya automáticamente acentúo todas mis “erres”, acompaño con gestos cada palabra, casi hablo nasalmente y en monosílabos,  y hasta me he dado cuenta de que grito un poco más. Y es que en la calle no me interesa que aprendan de mi, me interesa que me entiendan y me den lo que necesito o me lleven a donde quiero ir…

3. Estoy aprendiendo a moverme sin perderme…y sin morir en el camino. Quizá suena un poco exagerado, pero los primeros días me daba la impresión de que salir a la calle era jugarse un poco la vida. Sentía que necesitaba como diez ojos y diez oídos más para poder salir a caminar sin que me atropellaran. No es coña, el primer día que caminé por el centro de la ciudad, una de las voluntarias que me acompañó me iba hablando y contando cosas mientras caminábamos entre coches, vacas, camiones, cabras, motos… En un momento le tuve que pedir que por favor no me hablase porque no me podía concentrar en nada de lo que me estaba diciendo…¡necesitaba hasta el sexto sentido solo para ir caminando!

Sin embargo, como en todo, me voy acostumbrando. Y tengo que decir que he llegado incluso a un nivel bastante pro: ir en bicicleta por Anantapur. De verdad, que nunca en mi vida he experimentado tal subidón de adrenalina como al ir en bici rozando camiones y autobuses, esquivando cerdos (¡algunos se enfadaban y corrían detrás mío!), intentando no chocarme con ninguna moto… En India, el tráfico es la ley de la jungla. No hay un doble sentido, no hay semáforos, y si hay una señal o una norma simplemente está ahí para romperla.

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Sí, andar en bici por Anantapur no es ninguna tontería. Te juegas un poco la vida. Y si queréis añadirle más tensión al asunto, probad a hacerlo llevando una falda larga, que si no se te enreda entre las cadenas se te estará abriendo todo el rato dejándote en una situación un tanto comprometedora…

Conclusión: Consu + bici + falda larga + cerdos corriendo a mi alrededor = Awkwardness on wheels (incomodidad sobre ruedas).

4. Me he visto obligada a acostumbrarme a un ritmo de vida totalmente distinto. La gente aquí es MUY relajada, vive cien por cien el momento. Hay un margen de puntualidad muuuuy relativo, la gente se ha acostumbrado tanto a los cambios y a los contratiempos que simplemente nada les corre prisa, no funcionan con horarios, llegan tarde y a veces ni llegan. En este sentido tengo que decir que adaptarme a esto me ha afectado de dos formas muy distintas. Por un lado, la comprensible frustración que supone que nadie se adapte a tu ritmo. Yo vengo de una cultura en la que uno va corriendo a todos lados, la vida está dirigida por números en una agenda y las decisiones muchas veces las toman las agujas de un reloj. Debido a este trasfondo, muchas veces me pongo muy nerviosa cuando veo lo excesivamente relajada que es la gente de aquí, por ejemplo, cuando quedan contigo a una hora, llegan cuarenta minutos tarde y ni si quiera se disculpan. O que te den cita en un lugar, y acudir para ver que el sitio está cerrado porque al dueño le ha surgido no sé qué en otro lado. O que los alumnos lleguen tarde a clase. O que los mismos profesores lleguen tarde… No sé, son cosas a las que aquí están acostumbrados y simplemente tienes que aceptar la idea de que la mayoría de las veces tu programa no va a funcionar con todo el mundo. Y a veces es frustrante y te dan ganas de decirle a todo el mundo que espabile.

Por otro lado, y si me conoces un poco, seguramente estés leyendo esto pensando: “Consu, ¡has encontrado a tus iguales!” jajaja. Y en parte sí, no te voy a mentir. No me considero una persona impuntual, y en general soy responsable con mis compromisos… Pero hay una parte de mi carácter que se identifica un poquito con ese ritmo parsimonioso que se trae aquí todo el mundo. En el fondo me hace gracia, y hasta me gusta un poco que los indios se permitan a sí mismos empanarse, colgarse un poco. De vez en cuando vale la pena detenerte por algo que sientas que realmente vale la pena, aunque no sea parte del protocolo, no encaje en ningún esquema social, o no venga a cuento de nada, cosas como quedarte pensando en algo fuera de la conversación, mirar un pájaro, un árbol, saludar a un desconocido, echarte una siesta aunque sea en medio de la calle…

No sé. Me gusta pensar que esta gente vive la vida sin prisa, y no es la vida la que se los lleva a ellos por delante, como hace con nosotros muchas veces… 

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5. Aquí soy un payaso, un espectáculo andante. Soy una de esas “blancas de RDT” (Rural Development Trust), lo que supone que al caminar por la calle tengo cien ojos clavados fijamente en mi, mirándome con asombro y hasta provocando alguna que otra carcajada. Por lo general, cada vez que salgo, los anantapureños que me ven se me quedan mirando como preguntándose de qué planeta he venido, algunos me saludan con cierta reverencia, o con un movimiento de de afirmación muy gracioso que hacen con la cabeza, otros directamente me señalan y hablan  o se ríen de mi sin cortarse ni un pelo. Muchos de la ciudad ya identifican que todos los que tenemos la piel blanca somos de la Fundación, y te señalan y preguntan: ¿RDT? Luego por lo general se ríen y se van, o te siguen intentando hablar y contar algo, pero la mayoría de las veces ya no te enteras de nada y el que se va eres tú. Y es que aquí, como les des cuerda a todos los indios que quieren tener una conversación contigo y contarte sus historias, no te alcanza la vida. El otro día quería ir al centro a comprar una cosa y alargué más de la cuenta una conversación con Bengatesh, uno de los conductores de rickshaw que siempre se pasea por la Fundación, y acabó llevándome a comer por ahí y presentándome a su familia.

¡Menos mal que ese día no iba con las típicas prisas que tanto nos identifican..!

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6. Una curita de humildad.

Eso sí, si hay algo que se ha esfumado drásticamente como si el mismísimo viento del monzón se lo hubiera llevado, es ese temor, esos prejuicios estúpidos que arrastraba conmigo sin si quiera saberlo, sobre los indios.  Supongo que es natural crearse ciertos estereotipos e ideas preconcebidas sobre gente de otra cultura, o atender a ciertos clichés que no son necesariamente ciertos, solo porque son diferencias que te llaman la atención. Pero sí, no sabía hasta qué punto venía con algunas ideas en mi mente sobre esta gente y su cultura que han terminado en convertirse en eso que pensaba que no tenía: prejuicios.

Es interesante. Me da la impresión de que, aunque no lo pensemos o lo digamos conscientemente, sin querer a veces venimos aquí adoptando una actitud de cierta superioridad. Es que no saben, Es que esto lo hacen mal, Es que tienen que cambiar esto y lo otro. Como si nosotros, oh,  sociedad civilizada, avanzada, organizada, viniéramos a arreglarle el mundo a esta pobre gente, que van por detrás. No me resulta fácil describir con palabras la cura de humildad que supone a diario ver cómo trabajan estas personas. Como dan más de lo que no tienen, cómo disfrutan y viven al límite cada pequeño detalle de sus vidas llenas de vida. Creo que vine con la idea de que esta experiencia iba a ser dura porque la gente me iba a dar mucha lástima, pero tengo que confesar que mucho de lo chocante y duro de esta experiencia está siendo darme cuenta de que les tengo un poco de envidia. Envidio su capacidad de enfrentarse a todo, de reírse de todo, de comer cuando tienen hambre y no cuando tienen que hacerlo. Me hace preguntarme si no será nuestro orden el verdadero caos, si no habremos hecho un poco al revés todas las cosas en nuestro afán insaciable de querer darle sentido a todo…

Obviamente no voy a alabar todo de esta sociedad, y tampoco es cuestión de despotricar contra la mía. Solo son reflexiones en voz alta. Pero me gusta pensar que, con el poco tiempo que llevo aquí, ya he encontrado un millón de razones por las que enamorarme de esta cultura, y que sin duda voy a echar de menos cuando vuelva…

¿Cuando vuelva? Ay, Consu, ¡¡no pienses ya en la vuelta…!!

Saludos y gracias por leerme 🙂

10 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me encanta todo lo que estás descubriendo, sobre ti misma, sobre las diferencias culturales y sobre todo por cuestionar ese orden tan estructurado que llevamos donde vamos… ahora sí, cuando vuelvas, cerraré la puerta de tu habitación y no miraré dentro jaja! te quiero!

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    1. konsufdezag dice:

      JAJAJAJA best comment! Aunque también estoy descubriendo que el desorden es mayor cuando uno tiene muchas cosas que ordenar! Aquí como no tengo nada mi habitación está perfecta! 😛

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  2. Anónima feliz dice:

    Me encantaaaaaa! FAN FAN TOTAL!
    Disfruto mucho lo que compartes Consu!
    Y sobre todo escribes tan bien que se me hacen cortiiisimos jajajaj
    PD: Esperando mas y mas 🙂

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    1. konsufdezag dice:

      Gracias guapaaa!! Me sorprende cada vez que me dicen que escribo bien, de hecho todavía me sorprende que la gente lea mis entradas! jajaja yo no sé si me leería. Un besazo, y gracias por comentar! 🙂

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  3. Alejandra dice:

    Gracias por reflexionar en voz alta y expresar lo que muchos pensamos. Me he sentido muy identificada contigo. Sigue aprendiendo y descubriendo lo que este tiempo tiene para ti! Teacher, you are doing great, enjoy the process, the final will come anyways.
    Me inspiras, Consu!

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    1. konsufdezag dice:

      Muchísimas gracias!! 🙂 que increíble que la gente se identifique con algo de lo que escribo, me hace mucha ilusión saber que compartis esta experiencia conmigo. Muchas gracias por comentar , un abrazo!

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  4. Marie-France Bautista dice:

    Pues si, preciosa si, leo todas tus entradas y m’encantan!
    Tienes una forma muy fresca y sabia de compartir tu experiencia.
    Esperando con impaciencia la próxima…
    Un abrazo
    Marie-France

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    1. konsufdezag dice:

      Muchísimas gracias, Marie France , por tu comentario ! 🙂 me ilusiona viniendo de ti. Un abrazo!

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  5. "Julietadas" dice:

    Me hace gracia porque en Ashburnham, una de las habitaciones donde pasábamos el rato juntos los voluntarios, la llamábamos NARNIA..Creo que hay que hacer un análisis serio de qué porcentaje de frikis acaban en voluntariados… hahahahaha
    Loved reading your thoughs, as always!! ❤
    MISS YOOOOOOU!!

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  6. Amazing! Finally got around to reading it and you really do express yourself well and it’s very easy to follow your thoughts and identify with your feelings! Love you and miss you so much

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