Capítulo 7: “Había una vez… una Cenicienta india”

Seguro que la mayoría de vosotros consideraríais que la historia de la Cenicienta es mundialmente conocida, y que en cualquier conversación en la que menciones a nuestra querida “Cinderella”, todos saben a lo que te estás refiriendo. Pues dejadme sorprenderos con otra cura de humildad que demuestra que los cuentos de la infancia de nuestra cultura “Disney” no son menos que las historias de Ganesha, Krishna, Indra, Hanuman… para ellos.  Ayer le dije a las niñas de la Escuela Profesional que me habían hecho sentir como la Cenicienta, y me respondieron con una cara rara y la correspondiente pregunta: 

¿Qué significa “Cenicienta”, Consu…¿?

¿Cómo?? ¿Que no sabéis quién es la Cenicienta?? ¿Pero no habéis tenido infanc…?

Me contuve de llevarme los brazos a la cabeza y juzgarlas de incultas para recordarme a tiempo algo que a veces se me olvida, y es que vivimos en mundos diferentes. No es que ellas no sepan quién es la Cenicienta, es que no conocen a mi Cenicienta,  esa rubia con el vestido azul. Ellas tienen su propia versión de una historia en la que una chica pobre se convierte en princesa, y al igual que yo soy incapaz de memorizar un solo nombre de los héroes, dioses, brujas y seres pintorescos a los que aluden constantemente en sus conversaciones, ellas no conocen el nombre de la muchacha de la calabaza y los ratones que se convierten en caballos..

Así que bueno, al final me encontré a mi misma rodeada de chicas de mi edad contándoles el cuento de la Cenicienta como si fueran niñas pequeñas, intentando adaptar mi versión mental de la peli de dibujos animados a una realidad que fuera un poquito más familiar para ellas. Una experiencia graciosa, sin duda..

Pero ahora me gustaría contaros una versión de la historia un poquito diferente. Y es que debido a la experiencia tan bonita vivida ayer, no he podido evitar preguntarme, ¿cómo hubiera sido el cuento si nuestra querida Ceni, en lugar de ser sirvienta en un palacio, hubiera servido como voluntaria en un pueblo rural perdido en el desierto de Andhra Pradesh…?

Creo que más o menos podría sonar como algo así.. 🙂  

Había una vez, en un pueblo rural muy muy lejano llamado “Anantapur”, una joven muy hermosa llamada Cenicienta..

Bueno, en realidad en esta versión de la historia había varias “cenicientas” muy hermosas. Los destinos de estas muchachas se habían cruzado, desde distintos lugares de España, en una ONG muy bonita en la India, donde servían como voluntarias haciendo un trabajo muy duro  (…) de lunes a sábado, y en donde apenas encontraban ocasiones para vestir otra cosa que no fueran punjabis con pantalones extra anchos y ropa de segunda, tercera y cuarta mano heredada de un cierto ritual ancestral conocido en aquel lugar como “mercadillo is there” En esa situación, los agujeros en la ropa, las manchas y el olor a mierda eran parte natural de su indumentaria de cada día… 

Un día como otro cualquiera en el que las cenicientas revisaban sus doscientos correos electrónicos diarios, recibieron la sorpresa de ser convocadas a un baile que tendría lugar en el campus principal de la Fundación. Era un acontecimiento muy especial porque se trataba de la boda de una antigua cenicienta-voluntaria como ellas, que se casaba con un joven y apuesto indio. ¡Qué alegría! ¡Por fin tendrían la ocasión de ponerse uno de aquellos preciosos saris que tanto habían admirado en sus compañeras, las Akkas madrinas! Desde ese momento, las cenicientas voluntarias, así como los príncipes azules (o lunginosos), empezaron a prepararse para el gran día, un 26 de junio que coincidía además con el día de elecciones en las tierras lejanas de donde procedían nuestros protagonistas (aunque de esto no vamos a contar mucho más, porque queremos que nuestro cuento tenga un final feliz, y si ahondamos en la versión política de la historia tendríamos que usar palabras un poquito más fuertes que mierda, y queremos que este blog permanezca siendo apto para todos los públicos..).

Paréntesis completed.

Sin embargo, como en todos los cuentos, siempre hay contratiempos. Las cenicientas y los príncipes tendrían que enfrentarse a distintas situaciones a lo largo de la semana previa a la boda. Por ejemplo, tendrían que añadir a sus apretadas agendas la preparación de un baile de Bollywood, lo que exigía una coordinación adicional de horarios y correos electrónicos, así como de un extra de energía física que no les sobraban, debido a las constantes crisis de diarreas y vómitos que se pasaban unos a otros, y con las que tendrían que enfrentarse hasta el mismísimo día del baile…

Además, algunas cenicientas tuvieron que experimentar situaciones bastante inhóspitas que más tarde el Kharma o el destino convertirían en fuente de inspiración para la creación de esta historia. Hubo, sí, un par de pérdidas de zapatos de cristal, aunque en esta versión de la historia estos delicados accesorios consistirían en una chancla negra y una zapatilla de deporte sudada.. 

Resulta que un día yendo a la Escuela Profesional, iba yo sentada en la parte de atrás de un rickshaw y me pasó lo que ya venía prediciendo que me pasaría algún día, y es que debido a los meneos de este peculiar medio de transporte, en uno de los baches se me cayó una de las chanclas a la carretera. Como esta Cenicienta que os escribe tiene reflejos de reacción un poco lentos, lo único que hizo fue quedarse mirando fijamente la chancla con ojos desesperados y sin saber muy bien qué hacer con su vida caminando descalza por las malolientes calles anantapureñas. Menos mal que intervino a su favor la que sería su primera Akka Madrina, Xesca, que no tardó en socorrerla haciendo que el conductor del rickshaw se detuviera para poder bajarse del cochecito e ir a salvar la chancla perdida… En fin, un show.

Otro caso de pérdida de zapato le aconteció a otra de nuestras queridas cenis, Arancha, que una noche tuvo la inocente idea de dejar sus zapatillas de deporte ventilándose fuera del cuarto, y a la mañana siguiente una de ellas había desaparecido. Ese mismo día todos los voluntarios de RDT recibimos un correo con asunto “Missing Shoe” y con una foto del zapato desaparecido: “¿Alguien lo ha visto??”. Todo apuntaba a que, por la noche, uno de los cientos de perros que trasnochaban por el campus se lo había llevado por ahí de paseo. Afortunadamente, y gracias a una nueva intervención de las Akkas madrinas, el zapato de cristal apareció en algún recóndito lugar del campus, por lo que nuestra cenicienta Arancha pudo volver felizmente a hacer sus rutas con la bici, baloncesto, tennis, etc,etc.

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Por fin llegó el gran día, y con él la última y más maravillosa intervención de las Akkas madrinas, ya que algunas de las cenicientas más relegadas (como la propia autora de esta historia) todavía no habían encontrado nada que ponerse. Después de una mañana a contrarreloj, y entre ensayos de música y baile, esta cenicienta junto con otra (una rubia, muy guapa y ciertamente más parecida a la versión animada), emprendieron un viaje (de 5 minutos) a la Escuela Profesional, donde unas preciosas akkitas madrinas les estarían esperando (en pijama y durmiendo), para ayudarles en la ardua misión de ponerse un sari. Y es que si nunca te has puesto un sari, quizá no lo sepas, pero es complicado de narices, se necesitan ocho manos y doscientos mil imperdibles por lo menos, ya que no quieres que suenen las campanadas de media noche y que se te caiga el sari provocando un trauma irreversible a los ojos de nuestros queridos compis indios…

El caso es que, después de una hora de telas por aquí y por allá, maquillaje, bindis, pendientes, pulseras y collares gigantes, tirones de pelo y millones de fotos..  las niñas me había convertido en una auténtica “princesa por sorpresa”, una indian doll de lo más emperifollada… ¡E aquí la obra maestra!

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Ahora sí, la logística de la carroza que llevaría a las princesas a palacio no estuvo tan planeada. De repente, una lluvia monzónica nos sorprendió cuando tan solo faltaban cinco minutos para el baile, dejándonos atrapadas en la Escuela Profesional. ¡¡Oh, no, con lo puntuales que son en la India, nos lo vamos a perder todo!!!! (ironía is there). Para ayudarnos, nuestras alumnas llamaron a un rickshaw para que viniera a buscarnos a la entrada, y aquí es cuando nos enzarzamos en una intensa discusión en telugu entre nuestro conductor privado, que estaba enfadado y nos quería cobrar un precio disparatado de rupias por haberle hecho conducir un trayecto de cinco minutos debajo de la lluvia, y nuestras niñas que no querían que nos cobrase de más. Al final, como se nos subió un poco el princeseo a la cabeza y no teníamos ganas de discutir con el hombrecillo, le dimos las gracias a nuestras indignadas niñas por querer ayudarnos y accedimos a pagar 30 rupias por un trayecto de 10. Que bueno, teniendo en cuenta que son menos de 20 céntimos… por un día nos permitiríamos tirar la casa por la ventana y así evitar llegar embarradas y hechas un desastre a la fiesta.

Y bueno, como todos los cuentos tienen un final feliz, este cuento acabó con unas cenicientas guapísimas en sus saris, una princesa española y un príncipe indio, un banquete un poco picante a la luz de la luna, un baile en el que lo dimos todo y un poco de fiesta española con mojito y cerveceo hasta las 4:00 de la mañana. 

Eso sí, a esta Cenicienta le sonaron las campanadas a la 1:00, así que volvió a su casa sola y felizmente descalza a dormir la mona, que al día siguiente le tocaría levantarse temprano para volver a su punjabi y a sus clases de inglés..

FIN

¡Feliz lunes! 🙂

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Foto de los voluntarios con los novios
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Con algunas de mis “hadas madrinas” 🙂

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¡Listas para el baile!

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Creo que me gusta más esta versión de Cenicienta que la original =D ¡Me encanta ver todo lo que estás viviendo! Love you!!

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  2. Wowww ! qué divertido! me ha encantado la historia y cómo la has escrito

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  3. Rous dice:

    Precioso bonita 🙂
    Tú estás preciosa en punjabi o en sari, como tiene que ser!

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