Capítulo 8: Los caminos de la Providencia..

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“¿Fue la Providencia la que me puso en el camino hacia mi destino final, la India? Me he hecho muchas veces esta pregunta a mi misma y la respuesta siempre es la misma: ¡ABSOLUTAMENTE, SÍ!”

Ana Ferrer

Cerré el libro un momento y me quedé mirando al techo.  Algo escondido entre aquellas líneas de la autobiografía de Ana Ferrer me había puesto la piel de gallina, había despertado cierta nostalgia..  Sin saber muy bien por qué, las palabras de aquella mujer me habían golpeado súbitamente de forma extraña, dejándome incapaz de continuar la lectura. Era como si de repente me sintiera totalmente identificada con aquella afirmación tan rotunda y categórica. No porque pensase de ninguna manera que había encontrado aquí en la India mi destino final, Dios sabe que mi mente no funciona a largo plazo. Pero no podía evitar empatizar con esa referencia tan drástica a “la Providencia”…

De repente, mi mente se llenó de una ráfaga de imágenes de mi primer viaje a la India, recuerdos de ciertos detalles de cómo empezó esa primera historia, anécdotas de coincidencias o similitudes que habrían de definir el camino que me traería a este país por segunda vez.. Mis pensamientos viajaron en el tiempo los últimos tres años de mi vida, como si se tratase de las piezas de un puzzle desordenado de personas, palabras, canciones, dibujos.. que empezaba a cobrar algo de sentido..

“Quizá solo sea una experiencia, pero nunca se sabe cuando estas pequeñas cosas acaban formando parte de un mayor propósito…”

“Lead me where my trust is without borders..”

“Simboliza la eternidad, el infinito…”

“Es tan solo el comienzo de algo más”

“..let me walk upon the waters”

“¿Eres maestra, verdad?”

“Un cielo estrellado a los pies del Himalaya. Una pequeña luz puede iluminar la más densa oscuridad”

“..and take me deeper than my feet could ever wander…”

No entendía muy bien por qué todo aquello se agolpaba de repente frente a las páginas del libro que sostenían mis manos. Pensaba en todo y a la vez en nada. Había una idea que me molestaba un poco, una imagen de ese “algo”, esa “Providencia” a la que aludía Ana, una idea de Dios a la que quizá cualquiera podría referirse como la vida, la suerte, la coincidencia, el destino, las cartas de la vida… pero todo se tornaba de pronto demasiado “perfectamente imperfecto”, había demasiada sinergia en el camino que me había traído hasta aquel preciso instante, momento y espacio. Sí, había algo claro y transparente en todo aquello que me resultaba inexplicable si omitía una presencia personal que me había acompañado en todo aquel trayecto y aventura que era mi vida. Los viajes a Estados Unidos, a Argentina, el trabajo en la Vorwerk, aquel artículo sobre la India en una revista abierta encima de mi mesa, el curso de enseñar español, la biografía de Vicente Ferrer… ¿cómo no sentir que todo aquello armonizaba de forma perfecta? ¿Qué pasaría si me permitiera pensar que ese momento podría contar para algo más que un día, para algo más que una experiencia de tres meses en la India..?

Mi mirada se detuvo en el móvil, y casi instintivamente lo agarré y me metí en el correo. La semana pasada uno de los voluntarios había mandado un email en el que adjuntaba una oferta de trabajo que había encontrado en la red Linkedin, de un colegio de Educación Primaria en Bangalore donde necesitaban un profesor de español. En el momento que lo había recibido no me había dado por aludida, y por tanto apenas me había detenido a leerlo.. Pero la repentina sensación de que quizá, solo quizá, podía considerar la posibilidad de empezar a escribir un nuevo capítulo en mi historia de amor con la India,  me hipnotizaba vertiginosamente…

¿Podía ser posible que, como decía Ana, tan solo se tratase de “dejarse llevar por la Providencia..”? ¿Podía realmente considerar la idea de quedarme?

Unas horas más tarde ese mismo día, mientras mi cabeza seguía dándole vueltas a la posibilidad de mandar mi currículum, uno de los voluntarios escuchaba Vetusta Morla, un grupo de música español del cual conozco pocas canciones, pero justo sonaba una que yo conocía, y cuyo estribillo decía lo siguiente:

“Dejarse llevar

suena demasiado bien.

Jugar al azar

Nunca saber dónde puedes terminar..

…O empezar”

· · ·

Y aquí me encuentro, algo más de un mes después, escribiendo esta entrada en un autobús de camino a Bangalore, en un viaje de cinco horas que me llevará a conocer el colegio donde, si los caminos de la Providencia se siguen alineando con mis planes, trabajaré durante un año a partir de mediados de agosto.

Empieza el tercer capítulo de mi historia de amor con la India. 

¿Te vienes?

🙂

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. coral garcia dice:

    claro ahi seguiremos,que DIOS te acompañe siempre vayas donde vayas,es un privilegio poder servir por amor a otros y eso lo haces asi que sera muy bonito para ti todo lo que tienes por delante ,un besito

    Me gusta

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