Capítulo 9: La felicidad

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No sé bien cómo empezar a escribir esta entrada. Esta noche marcho a España y dejo atrás la ciudad del infinito, y simplemente no puedo creer lo increíblemente rápido que han pasado estos tres meses. Han sido como un suspiro, pero un suspiro en el que he vivido tan intensamente y he aprendido tantas cosas que pareciera que llevase aquí la mitad de mi vida.

Estoy viviendo mis últimos días en RDT como en una despedida silenciosa. Sigo mi rutina, pero la vivo muy a propósito, pensando en que puede que sea la última vez que voy a vivir algunas cosas sencillas y del día a día. Me estoy despidiendo silenciosamente de sentarme a leer en el porche, de acariciar a los perritos, de tomar té al lado de la cantina, de ir en la parte de atrás de un rickshaw sonriendo a la gente que me mira y se ríe, de caminar por el campus descalza, de cerrar los ojos y escuchar el sonido de la India.. Pero sobre todo, estoy saboreando en silencio y sin decir nada, de cada conversación, cada saludo. Cada mirada cómplice, cada beso y cada abrazo. Que te pregunten qué tal el día mientras te dan la mano.. Estoy regocijándome de cada momento con mis compañeros de viaje como un niño disfruta terminándose un helado.

Supongo que lo que tocaría ahora sería escribir una entrada final, una que sintetizara mi tiempo como voluntaria en RDT, una reflexión que cerrase magistralmente este blog mediocre y que pusiera punto y aparte a esta etapa de mi vida. Pero hay algo que me lo impide, y creo que es esa batalla pendiente, como diría un buen amigo del cual ya me despedí hace una semana:  la batalla de pensar. Es difícil, en medio de tanta preparación física y mental, emociones y despedidas, dedicar tiempo a enfrentarse a los silencios y las esperas. Enfrentarse a imágenes, palabras, historias que han ido cayendo atropelladamente y hacen cola en el subconsciente, esperando un momento de atención en medio del caos de los adioses.  ¡Cuánto más difícil se torna entonces la tarea pretenciosa de plasmar estas reflexiones en palabras…!

Dado que me resulta imposible procesar por el momento, me remitiré vagamente a retomar una conversación inconclusa con una de mis primeras entradas. Y es que llegué a Anantapur escribiendo sobre la tristeza, y bueno, ahora no puedo evitar sentir que me toca decir algo, o más que decir, enseñar algo de lo que he visto desde el otro lado del charco. Desde el otro lado del alma…

Algo sobre la felicidad.

El otro día hablaba con Ana Ferrer sobre la India, sobre la Fundación, sobre los años de trabajo en este pueblo olvidado, y no pude evitar preguntarle: “¿Cómo has sobrevivido a los (innumerables) momentos de frustración? ¿Nunca te dieron ganas de abandonar..? ¿De dejar la India atrás, o seguir trabajando desde otro lugar un poco más cómodo..? Y aunque esperaba cuál sería su respuesta, no por eso dejó de sacudirme su franqueza: “¿Y a dónde iba a irme? La felicidad no la encontraría en ningún otro sitio. La felicidad es un lugar en el corazón, es la convicción de que estás donde tienes que estar en el momento en que tienes que estar..”

Un lugar en el corazón.

Miro por la ventana. Anantapur me despide con un cielo rosado. Ya empiezo a escuchar las voces de los indios de las mezquitas entonando sus alabanzas de la tarde, y los dígitos que marcan la hora en la pantalla de mi ordenador parecen gritarme todas esas cosas que me quedan por hacer. Creo que voy a dejar esta reflexión a medias. Sí, me da que la conversación sobre la felicidad volverá a quedar inconclusa. ¿Pero acaso alguna vez ha tenido final? ¿Y no es mi blog  ya en sí un homenaje a la inconclusión, al infinito..?

Te dejo, pero espero que no por mucho tiempo.  Intentaré volver a contarte algo más desde España, ya desde otro sentir y otra perspectiva, con la cabeza un poco más amueblada… o quizá cuando sienta que ya la tengo desamueblada del todo. Sin embargo, te dejo con un reportaje muy bonito que vi por primera vez estando en Argentina, antes de viajar a la India, y que precisamente habla sobre la felicidad. La felicidad según Vicente Ferrer. Yo tengo ganas de volver a verlo, ahora que la experiencia es conocida y las caras son familiares..

Por si tienes tiempo y ganas de escuchar a gente güena 🙂

Deséame un buen viaje. Ya te cuento.

Namasté!

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Creo que esta es mi cara de felicidad

 

 

 

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me encanta tu cara de felicidad, me encanta cómo escribes y me ha encantado leer tu blog. Tengo muchísimas ganas de verte mañana. Love you! ❤

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  2. Me encantó como todos…o más porque me encanta tu cara de felicidad que mañana tendré delante de mis ojos, love you so much! ❤

    Le gusta a 1 persona

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