Capítulo 11: El colegio y el diario de Ana Frank

“El tiempo son lecciones que aprender” – Bryan Weiss

Ya han pasado un par de semanas desde aquel “aterrizaje forzoso” en Bangalore, y me siento orgullosa de poder decir que finalmente superé mi complejo de avestruz y decidí “sacar mi cabeza de debajo de la tierra”, o lo que es lo mismo, desviarme mínimamente de la ruta casa-cole/cole-casa para hacer lo que se supone que he venido a hacer: vivir, en Bangalore. Y así, me gustaría contaros un poco sobre cómo es vivir en la locura que es esta ciudad, o como está siendo por ahora. Tengo que decir que empecé escribiendo esta entrada pensando que tocaría varios temas (el cole, mi vecindario, la comida, cosas que he ido haciendo…) pero  solo el primer punto en el que hablaba del colegio me parecía ya bastante largo. Así que he decidido que voy a intentar hacerlo poco a poco, y así que parezca que es algo menos coñazo de lo que es (aunque lo es). A mi es que en realidad me gusta más escribir sobre cosas arbitrarias que pienso o que siento, y no pararme tanto en los detalles biográficos, pero siento que si no publicara de vez en cuando estas entradas explicativas al blog le faltaría algo. Como me dijo un colega después de leer mi última entrada: “Se te da bien escribir, luego llegas al final y dices, pero si no ha contado una p**a m****a”. Jo me hizo muchísima gracia, y tiene razón. Pero es que francamente, leer a una persona contando su vida siempre es aburrido, y quizá sea esa la razón por la que nunca me terminé de leer “El diario de Ana Frank”, y mira que tiene un contenido histórico muy valioso y su vida SÍ tiene datos de lo más interesantísimos. Pero confieso que me aburrió un poco hace años cuando empecé a leerlo, yo que sé. Todo esto para añadir que he encontrado el libro en casa y le estoy dando una nueva oportunidad, ahora que se supone que soy una adulta madura e independiente y entiendo mejor el valor de las cosas (…). Así que aquí estoy. Criticando a Ana Frank por ser aburrida contando su vida mientras yo soy aburrida contándoos la mía. Pero es que de verdad, Ana, cuentas todo de forma tan dramática, ni que tu vida hubiera sido una tragedia..

Bueno en resumen y dejando aparte el humor negro: creo que ni si quiera yo me leería a mi misma, pero quién sabe, a lo mejor si muero de malaria algún día se publica “El diario de la loca de la ciudad del infinito”.  VALE CONSU HE DICHO DEJEMOS APARTE EL HUMOR NEGRO. Bueno ahora vamos a hablar del cole.

El colegio: Legacy School Bangalore.

En caso de que necesites un poco más de feedback sobre los quécómocuándodóndeporqué estoy aquí, la respuesta corta es que estoy enseñando español a niños en una escuela de Educación Primaria. Digo que es la respuesta corta porque en realidad no provee mucha información sobre el por qué, pero creo que necesitaría una entrada entera para explicar por qué me he venido tan lejos para hacer eso (¿no? habiendo tantos colegios en todas partes). Creo que un día escribiré una entrada que se titulará “Por qué India”, sería un buen ejercicio introspectivo y quizá incluso me ayudaría a mi misma a entender realmente los por qués más profundos.. Pero bueno, de momento lo que necesitas saber es que estoy aquí.

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Este es el autobús que me lleva al cole todas las mañanas

Se trata de un cole privado que desde hace pocos años entra en la categoría de colegio internacional, y es por eso que ofertan la enseñanza de lenguas extranjeras. Lo de que llevan pocos años dentro de esta categoría lo menciono a propósito para que entiendas que, aunque oficialmente es un cole internacional, en muchos aspectos como el currículum, la estructura interna, los profesores.. todavía están trabajando en avanzar en esa dirección. En este sentido, una de las cosas que más me conciernen es que de momento soy la única profesora extranjera. Hasta ahora la enseñanza de segundas lenguas la han impartido profesores que no son nativos, pero han aprendido el idioma, y por esta razón ahora mismo yo soy algo así como importante.

Desde luego, ser la única profesora extranjera tiene sus ventajas pero también sus muchos inconvenientes. Es difícil muchas veces, no solo ya por temas burocráticos de papeleos e historias que tienen que tramitar contigo de forma diferente a la del resto de los profesores. Para mi, el reto más difícil es adaptarme a ellos, a su cultura, a su forma de trabajar y hacer las cosas. Todo esto intentando no sentirme sola en el proceso, y aprendiendo a pedir ayuda cuando lo necesito. 

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Así me visto para ir al cole. No que tenga que hacerlo, pero intento dar el cante lo menos posible. Este traje me lo regaló mi compi Rachel nada más llegar, porque le quedaba pequeño y porque tiene los colores de España 🙂

El salario es otra de las cosas en las cuales de alguna forma acepté ese “estado de transición”. Por un lado, soy consciente de que me pagan más que a otros trabajadores locales. Por otro, también sé que solo por ser extranjera podría estar cobrando más pasta (o al menos teniendo un apartamento nuevo para mi sola) trabajando en otros colegios internacionales más avanzados, por así decirlo, en esta misma ciudad. Pero la verdad es que (aunque suene muy loli), en este momento de mi vida el salario no era una motivación primordial, no tanto como la autenticidad de la experiencia propia que esto está siendo. Me permite vivir modestamente (en cuanto a calidad de vida y en comparación con cómo sería trabajar en España), pero como una reina, si me comparo con cómo vive mucha gente aquí. Así que supongo que hay que dejar de compararse, y vivir, y ya está. 

Otro de los contrastes interesantes que he encontrado durante estos días trabajando en este colegio indio-internacional, es que aunque cuentan con un montón de recursos didácticos modernos y están evolucionando en materiales y tecnología, a veces cuelan el mosquito y pasan el camello en las cosas más básicas, como por ejemplo que llevo casi un mes dando clase sin tener una clase. Literalmente, cada vez que tengo que dar clase tengo que buscar un espacio donde hacerlo, así que a veces enseño en la clase de música, otras veces en el comedor, otras veces en el patio debajo de un árbol.. Sí, de lo más pintoresco. Parece que como la segunda lengua es una optativa y los profes de idiomas tienen pocos alumnos, se han acostumbrado a hacerlo así. Tras comentarles que esto me supone un problema (ya no en plan MissFernandezPrincesaConsuelaquevienedeOccidenteconexigencias, pero es verdad que es algo que a lo tonto me hace perder muchísimo tiempo, y que obviamente mi trabajo pierde calidad en muchos aspectos), han comenzado un proceso de reestructuración y reorganización de las aulas, que en teoría no llevará mucho tiempo.

Ahora, cuando te dice un indio que algo no tomará mucho tiempo es casi como cuando te dicen “No problem, madam”. Agárrate. 

Así como anécdota, contar que todos los días las comidas en el cole consisten en que cada profe lleva un tupper lleno de algo (garbanzos, arroz, chapatis, salsas, pollo, patata…) y luego todos vamos metiendo la mano en los tuppers de los demás. ¡Aquí todo se comparte! Qué asquete, puedes pensar. Reconozco que yo al principio llevaba mi tupper con mi propia comida y decía amablemente que no con el tenedor cuando el resto me ofrecía. También porque tengo un cierto complejo culinario, y además la mayoría de las veces ellos no pillan mucho mis comidas. Pero tardé poco en unirme a este ritual,  y sinceramente, es genial poder saborear platos distintos y aprender. Aprender, aprender, y aprender.

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El primer día comí sola y me hice una ensaladilla rusa

También contaros que, a diferencia de los adultos que han aprendido a ser discretos (bueno.. dejémoslo en “algo más discretos”), los niños no tienen ningún problema en reflejar abiertamente que les llamo la atención. Así que todas las mañanas cuando voy por el pasillo me reciben un montón de “HOLAs!!!” en español, que me hacen mucha gracia y me sacan una sonrisa. Mis alumnos son niños de 1ro, 2do, 3ro y 4to de primaria, y la verdad es que he tenido suerte porque son grupos pequeños y los niños son muy buenos. Hacen un buen trabajo contagiándome su entusiasmo. 

Otro dato interesante es que todas las semanas empezamos teniendo una asamblea por la mañana en la que nos juntamos tanto alumnos como profesores para hacer una actividad especial o comentar alguna noticia o anuncio de interés. Antes de empezar, uno de los alumnos (previamente elegido) sale y hace una oración a Dios en nombre del colegio. Sí, una oración, un rezo, una plegaria… no sé bien qué nombre ponerle. El caso es que, aunque no siempre es la misma, el formato es parecido. Casi siempre primero dan las gracias a Dios y luego le piden que nos ayude a nivel personal a ser mejores personas y a no ser egoístas. La primera vez que vi esto me llamó la atención, sobre todo teniendo en cuenta la diversidad religiosa que hay, no solo en el colegio si no en el país en general, y no pude evitar hacer la pregunta correspondiente a una de mis compañeras: “¿Se dirigen a un Dios en concreto?”, a lo que me respondió: “A todos, y al mismo” Interesante.

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Asamblea semanal

En resumen, la experiencia en el colegio de momento está siendo agradable, con sus rifi-rafes de tener que pelearlo todo y muchas veces tener que apañármelas sola en cosas que no me resultan familiares (por ejemplo, tener que abrirme una cuenta bancaria  para que me paguen está siendo un verdadero dolor de cabeza). Pero supongo que aún estas cosas son parte de la experiencia de empezar de cero, y aprender. Aprender a ser independiente, a pensar por mi misma, a volar sola.

Antes de venirme a la India esta vez, y al despedirme la iglesia que me ha criado desde que nací (quizá un día pase que os hable un poco sobre ella, si os interesa), compartí una frase que para mi resumía un poco lo que había sido mi experiencia en mis tres meses de voluntariado con la Fundación Vicente Ferrer, y es la siguiente:

“Aprendes, solo si desenroscándote. La madurez parece ser el proceso por el cual nos desprendemos, des-aprendemos, de todos los conocimientos falsos y de los conocimientos falsamente aprendidos… Hasta que regresamos a la primera condición de niños y recibimos las viejas verdades con corazón de niño”

Alenar, Emmanuel Buch**

Supongo que para mi, esta última etapa de mi vida ha sido un poco como “yo desenroscándome”. Des-aprendiendo cosas que quizá no eran necesariamente falsas pero puede que sí estuvieran falsamente aprendidas. Vaciarme un poco la cabeza en cierto sentido y volver a ese estado de querer aprender otra vez, pero esta vez, aprender bien. Pues bueno, siento que puede que ahora mi vida en Bangalore sea una respuesta a esa segunda fase en la que ya me siento algo más preparada para querer avanzar en ese aprendizaje  y volver a introducir de nuevo las viejas verdades, junto con otras nuevas (¡aunque siento que tengo todavía tanto que des-aprender…!). Pero esta vez será poco a poco, sin prisas, sin presiones. Sin gente metiendo prisa y presionando. Sin yo misma metiendo prisa y presionando. En medio de esta prueba que es la soledad, e intentando conocerme a mi misma. Y crecer.. 

Por cierto, quería dar las gracias por todos los comentarios y las palabras de ánimo que recibí después publicar la última entrada. Me habéis hecho cambiar de opinión: Sí que soy valiente. Al menos, lo estoy siendo de momento.Y gracias por alimentar mi ego un poco, que supongo que también tiene que vivir de algo. Lamento deciros que hacerme cambiar de opinión no es difícil, así que no es un gran mérito, aunque después de este año en la India en el que maduraré, me encontraré conmigo misma y con la paz interior, y todo eso que se supone que encuentras en la India, entonces habré desarrollado una personalidad muy fuerte, tendré las ideas súper claras y no será tan fácil hacerme cambiar de opinión como ahora. 

Por cierto, ¿os he dicho que me encanta “El diario de Ana Frank”? Es un gran libro.

Namasté! (adiós en hindi, que algunos me han preguntado)

**Por cierto sí, me encanta el libro de Alenar, sé que no es la primera vez que lo cito pero bastante que me contengo de citarlo más a menudo porque conozco al autor y me da un poco de vergüencita, pero genuinamente es el único libro que me acompaña en todos mis viajes y que he releído varias veces. No sé, tampoco es el mejor libro del mundo, pero a algunos les inspira Ana Frank y a mi me inspira este. 

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