Capítulo 12: Vida en Bangalore y cinco lecciones de supervivencia

Capítulo 12: Vida en Bangalore y cinco lecciones de supervivencia

 

“La India es un país de contrastes” 

(Dicho por: todo el mundo que viene a la India)

 

Pero no deja de ser cierto.

 

Este mes ha sido una verdadera locura. Desde luego, aburrirme no me he aburrido,  y es que TODOS los santos días pasa algo. En plan bien y en plan mal. En plan llegar a casa y que haya una boda indio-australiana, y en plan oh Dios mío por qué hay un perro debajo de mi cama. En plan ser rica, y en plan no tener un duro de un día para otro. En plan amo la India y en plan odio la India. Pero en general, creo que después de tan solo un mes puedo decir que esta experiencia está siendo la aventura de mi vida. Siento que en muchos aspectos estoy viviendo más al límite de lo que nunca he vivido. Y a veces da vértigo, pero me encanta. Es fascinante, estoy aprendiendo muchísimo (a veces a golpe de vara), e inevitablemente creciendo. Sí, ya me estoy encontrando canas en la mente y alguna arruga en el corazón, y aunque intento fingir que no las veo.. sé que están ahí. Que van saliendo..

Mi casa está en un barrio que se llama Lingarajpuram. No te haces a la idea de lo que me costó aprender a pronunciar el puñetero nombre. Es frustrante, sobre todo cuando necesitas comunicar a alguien (conductor de taxi, de rickshaw, o de autobús) que quieres que te lleve a Lingarachpuchamzzz, Linjidazpurammsch… brishzzzxtdlz@@!!

#Lección de supervivencia número 1: Aprender a llegar a base de perderte.

Mi barrio es una zona, como diría una amiga que vino a verme y que parece que tiene unas gafas de cristal color de rosa y así lo ve todo, “muy llena de vida”. Y sí, literalmente, aunque yo más bien diría que es una zona petada de vida. Es una jungla de personas, tiendas, vacas, perros, gatos, coches, motos, rickshaws… Y dentro de todo, es tranquilo. NO ES DELHI, gracias a Dios. Es una ciudad.. pero tampoco es la ciudad del infinito.
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Creo que es muy pretencioso, o desde luego muy poco humilde decir que uno “conoce la India”. En mi opinión este es un país inabarcable que no se conoce del todo ni a sí mismo, y que de un metro a otro casi que ya te encuentras una India diferente a la que creías conocer. La India, como bien se dice en la frase más cliché del mundo y de la que me he estado riendo con mis amigos este fin de semana porque lo dice todo el mundo y todo el mundo lo dice con un aire muy sabido e intelectual, es un “país de contrastes”. Y así ha sido mi experiencia de mudarme de Anantapur a Bangalore, un completo contraste. Aquí te encuentras perfectamente un hotel al lado de una chabola. Un campesino con su vaca paseando junto a un hipster con su chaleco y tatuajes minimalistas. Un pub al lado de un templo. Es un puzzle sin sentido. A veces echo de menos la tranquilidad de la Fundación… de hecho, tan solo dos semanas después de aterrizar, aproveché un fin de semana para volver a visitar Anantapur. Fue raro estar ahí en calidad de visitante. Pero fue reconfortante encontrarme en un entorno familiar, y ver caras conocidas. Además, tuve la oportunidad de participar en un proyecto de una ONG que se llama “Artistlove”, y ayudar a pintar un mural precioso en el campus de Bucaraya. Ahora puedo decir que mi paseo por el campus dejó su pequeña huella de forma permanente..
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Gema, cooperante en el campus de Bucaraya, pintando con mucho arte!

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Bueno, volviendo a mi casa en Gospel Street … es un ejemplo más de este contraste. Es un “pisito Erasmus” (como lo definieron mis amigos anantapureños después de quedarse el fin de semana), con sus tres habitaciones con baños individuales, su tele, su wifi, agua caliente… La verdad es que no puedo quejarme (y aún así a veces lo hago). Sin embargo, sales de casa y te encuentras a un lado un orfanato, y al otro una “Casa para mujeres deprimidas”. Sí, literalmente, es lo que pone en el cartel gigante que la bautiza. Un día entré a visitarlas y me dio una depresión tan grande que casi me podrían haber ingresado también. Un poco difícil de describir la escena, la verdad es que no tengo muchas ganas.
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Mi casa está en medio de un slum. Un slum es un barrio pobre, para entendernos. La gente que me rodea vive con muy pocos recursos, lo que al principio me hacía sentir bastante incómoda. Si es verdad que en Anantapur también estaba rodeada de pobreza, la sensación era diferente al estar sumergida en un ambiente, en un proyecto humanitario en el que día a día sentías que podías combatirla directamente, aunque fuera con una mínima aportación.  Me costó al principio, y me sentía muy frustrada con tanta información visual que no sabía bien cómo procesar, cómo combatir. Pero bueno, he de decir (un poco para mi pesar), que incluso a estas cosas los ojos y el corazón se te acostumbran..  Solo espero que esta experiencia me convierta en una persona concienciada, pero no del todo insensibilizada. Va a ser un reto. Hay días que me dan ganas de arrancarme los ojos..
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Y sobre todo el olfato.
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Aún así, también hay días que te encuentras escenas que son verdaderas joyas en medio de semejante mar de mierda. Como un niño durmiendo pacíficamente en el regazo de su madre, indiferente al caos de al rededor. O la sonrisa desdentada de una anciana sentada en la calle. O niños corriendo descalzos, o jugando con perros y gatos.. Pequeñas imágenes que te regalan un poco de esperanza.
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A todo esto, y dejando a un margen la zona del slum, el barrio está bastante bien. Vamos, ¡que no quiero que pienses que es como si viviera debajo de un puent..!
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..bueno, espera…  En realidad en cierto modo sí que es como si viviera, literalmente, debajo de un puente. En realidad es un puente de carretera, se llama Lingarajpuram Flyover. Pero está muy bien, solo que a veces para que los taxistas vengan a buscarme a casa sin perderse en el camino tengo que llamarles y especificar que tienen que meterse  por debajo del puente, por que si no a veces no llegan.. Pero bueno, lo de hablar con los taxistas es un capítulo aparte que más de una vez me ha traído alguna que otra llorera y mucha frustración. ¡La comunicación puede llegar a ser TAN difícil a veces..!! Pero bueno, como he dicho, a todo te acostumbras. Simplemente llegas a un punto en el que te mentalizas de que, si quieres llegar puntual a un sitio, tienes que asegurarte de pedir el taxi con un margen de mínimo una hora…

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#Lección de supervivencia en la India número 2: si quieres algo, pídelo con mucha antelación
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Comentar que es un barrio donde hay mucho sincretismo religioso, y donde conviven con una homogeneidad sorprendente templos, mezquitas e iglesias de todas las denominaciones. Lo cierto es que en este sentido las personas de aquí son muy tolerantes con la diversidad religiosa, y eso es algo que me gusta.  Lo que no me gusta tanto es que los indios son muuuuy estridentes a la hora de expresar su fervor religioso, y vivir pegada a una mezquita que convoca a sus fieles a la oración cinco veces al día a través de cánticos por un micrófono (una de las veces es a las 5:00 de la madrugada), a veces se torna un tanto abrumador. Y si no es la mezquita, los cristianos están dando vueltas con una carroza gigante con una virgen a modo procesión y con música a tope, o son los hindúes con sus festivales, cantando, bailando y tocando tambores. Súmale que la mitad de los perros callejeros son muy sensibles al ruido, y lloran a voz en cuello cada vez que el ruido les molesta… Vamos, que mi barrio es de todo menos silencioso. Pero tiene su encanto.
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Pero definitivamente, lo mejor de mi nuevo hogar en Gospel Street son mis roomies, mis compis de piso: Rachel Kora, una india-para-nada-india (su forma de ser y de vivir es muy moderna, algo atípica para una chica india de su edad), que tiene una sonrisa que te caes para atrás,  y Ella Drake, una australiana, rubia, preciosa, que lleva viviendo 8 meses en Bangalore, también por trabajo, y que es lo más dulce del mundo. Tengo que decir, y es totalmente sincero y cero motivación de hacer la pelota (ellas no pueden leer mi blog en español), que me ha tocado el gordo al “caer” en este piso con estas chicas. Son dos tías preciosas, y me han ayudado y cuidado un montón en todo este proceso de adaptación a mi nueva vida en Bangalore. Aquí os dejo la única foto que tenemos juntas, de momento, aunque estoy segura de que vendrán muchas más. A ver si adivináis cuál es la india y cuál es la australiana… (patapán tsss!!)
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El día que falleció mi abuelo Ella me trajo un batido de chocolate, y Rachel compró queso para fundir porque sabe que me encanta pero aquí es un poco caro. Lo dicho, son amor puro.
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En el segundo puesto en el ranking de cosas favoritas de mi vida  en Gospel Street está sin duda alguna la terraza, que se ha convertido en el lugar donde subo a tomar el café y leer un rato, o simplemente a ser espectadora de las frenéticas vidas de mis vecinos. El mejor momento del día siempre es el atardecer, que me regala unas vistas espectaculares. Las casitas, todas de tamaños y colores diferentes, parece que están vivas, y desde sus tejados los niños del barrio hacen competiciones de volar cometas que fabrican ellos mismos con cualquier papel, palos y cartones de cereales. A veces siento que estoy en la novela “Cometas en el cielo”. Mi hermana me dijo lo mismo cuando le enseñé algunas fotos.
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Contarte algunas cosas que han pasado durante este tiempo:
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·La noche bangaloriana
Ya puedo decir que oficialmente me he estrenado en salir de fiesta por Bangalore (¡contrastes, contrastes..!), era un evento que se llamaba “Latino Party”, que en teoría era para conocer a otros españoles, aunque todo lo que nos encontramos fueron otros “Expats” blanquitos. Españoles y latinos, pocos y nada. Por cierto, aquí a los extranjeros nos llaman expats, que viene de la palabra “expatriado”, y que en la práctica (y para la mayoría de ellos) significa que eres blanquito y que tienes pasta.
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·Iglesia.
Como buena cristiana que soy, un día visité una iglesia. Y como mala cristiana que soy, me fui antes de que terminara el culto.
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Corriendo.
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Qué miedito.
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#Lección de supervivencia en la India número 3: No vayas a la Igl.. digo..  ten cuidado donde te metes.
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·Laci shop y otros descubrimientos.
Otro día salí a conocer Mosque Road, que es una avenida principal cerca de casa en la que hay muchas tiendas (tiene hasta Burguer King y KFC). Ya he descubierto un par de sitios guays de comida, aunque todavía ando en busca de una cafetería que me encante para ir a tomar café algún fin de semana. Y que me encante significa que esté cerca de casa, que sea lo más barata posible, que el café no sea agua y que me pueda comer un buen donuts.. Por el momento, el mejor descubrimiento ha sido un negocio que se llama “Laci Shop”, en el que venden lacis (frutas con yogurt), zumos y batidos de frutas.
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Anécdota graciosa: un día pedí un laci de fresa, plátano y aguacate, y el señor de la tienda me dio UN laci de fresa,  UN laci de plátano y UN laci de aguacate. Y como me daba vergüenza decirle que me había entendido mal, allí que me volví a casa cargada con tres batidos de frutas. Supongo que el señor habría pensado que qué tipo de persona mezcla plátano con fresa y con aguacate..
 
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·Huelgas y toque de queda
Contarte que he estado viviendo en medio de un conflicto socio-político un poco intenso. Se ve que debido a la escasez de agua, el estado de Karnataka, donde vivo, lleva años mandando agua a Tamil Nadu, a pesar de que aquí también se sufre duramente la falta de este recurso, lo cual no tiene a los lugareños muy contentos, que se diga. Este mes debido a una serie de toma de decisiones y regulación de las leyes al respecto, algunos grupos de activistas han estado convocando varias huelgas como forma de protesta, y algunas se tornaron tan violentas (atentados contra el transporte público, explosión y quema de coches..) que durante un par de días el gobierno decretó un toque de queda, y se cerró absolutamente todo.
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Atentado a un autobús (foto de BBC News)
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Imagínate, yo estaba un día dando clase tranquilamente cuando de repente nos convocaron a alumnos y a profesores en el patio para comunicarnos que por seguridad el colegio cerraría en ese mismo momento, teniendo que llamar a todos los padres para que vinieran a buscar a sus niños y llevarles a casa. Yo flipando en colores, obviamente, porque no me estaba enterando de nada, y como no había transporte público accesible acabé llegando a casa en el coche del padre de un alumno. Para colmo esos días estaba sin pasta y la nevera medio vacía, así que agradecí mucho las visitas inesperadas que llegaban a mi casa a socorrerme con comida..
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#Lección de supervivencia en la India número 4: La nevera nunca está suficientemente llena.
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Y hablando de visitas…
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 ·¡Primeras visitas!

Desde luego, la guinda de mi tiempo aquí hasta ahora la pusieron un grupo de anantapureños muy majos, gente güena que se da una paliza de cinco horas de viaje para venir a verme a mi “pisito erasmus” por un par de días. De esto simplemente decir que iluminaron mi existencia bangaloriana con chuchu, vino, teatro improvisado, caminatas por Bangalore buscando el metro y cafés por los suelos.. Una visita muy refrescante,  aunque quizá demasiado corta.. así que espero que vuelvan pronto 🙂

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# Lección de supervivencia en la India número 5: Haz buenos amigos.
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Puede que no te salve la vida, pero desde luego hará que todo a tu alrededor sea mucho más agradable 🙂
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Namasté, ¡y que la Providencia te acompañe!
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P.D. Como ves, sí, estoy muy a tope con el Instagram. Quién me lo hubiera dicho hace casi un año, cuando empezó todo esto.  ¿Más contrastes, o un pelín de hipocresía..? Uhmm.. ¡Tú me dirás! Yo me despido con una frase que también robé de un post-it de la habitación de Gema, en Bucaraya, a ver si socorre un poco mis propias contradicciones..
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¿Que me contradigo?
Sí, me contradigo.
Soy inmenso.
Contengo dentro
multitudes… 
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Walt Whitman

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Miriam dice:

    BUeno Consu, ¡me encantóoo! me reí muchísimo con tus anécdotas y disfruté viendo las fotos, amo a tus compañeras que te quieren, arropan y cuidan y amo a tus amigos de Anantapur que te han hecho feliz un fin de semana. Te quierooo!!

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