Capítulo 14: Sobre religión. Diez encuentros.

“Dejar a Dios… por amor a Él”

Vicente Ferrer

Creo que esta es LA entrada que lleva rondando en mi mente desde el primer minuto que aterricé en India, entrada que lleva en borradores desde hace meses porque me cuesta muchísimo ponerme delante de esta página en blanco y escribir sobre ella. Sin embargo, creo que ya va siendo hora de dejar mi perfeccionismo a un lado y dejarme llevar por el teclado sin pensar demasiado. Creo que será más fácil si me limito a describir algunos acontecimientos anecdóticos en vez de intentar volcar todas mis divagaciones en forma de reflexión.

De todas formas, me resulta muy difícil hablarte de religión sin explicarte que vengo de un transfondo religioso. Te lo digo así porque en el teclado no me tiembla la voz, pero lo cierto es que nunca antes lo hubiera expresado de esta forma… Y es que si hay algo que le molesta a cualquier religioso es reconocer que  es religioso. Sí, igual que un hipster nunca se definiría a sí mismo como hipster, porque hacerlo sería muy poco hipster. Empecé a darme cuenta de este detalle cuando tenía quince años y estaba hablando con una chica musulmana sobre nuestras creencias, y de repente la tía me suelta una frase que me rebanó el cerebro:

“Yo es que no creo en una religión, yo creo en una relación con Dios”

Ay va, la leche.. ¿¿pero esa frase no nos la habíamos inventado los cristianos..?? (y así empezó otra de las innumerables crisis religiosas que he tenido a lo largo de mi vida).

Desde pequeña he crecido y me han educado en la fe cristiana evangélica, la cual no tengo intención de explicar ahora porque no es el propósito de esta entrada (pero que si de verdad te interesa y me lo pides personalmente estaría dispuesta a escribir una entrada explicativa aunque sea solo para ti). Aún así, y por ese síndrome de auto definición anti-religiosa que tenemos los religiosos, nunca me ha gustado considerarme a mi misma como tal, y seguramente hasta hace poco te hubiera contestado lo mismo que esta chica musulmana. Pero lo era, vaya si lo era, y en muchos sentidos lo soy todavía, aunque puede que cada vez de forma menos “ortodoxa” (y a día de hoy todavía no sé si esto es bueno o es malo).  Te cuento esto porque, aunque para ti estas cosas sobre religión pueden ser puramente anecdóticas y tener cero importancia, ya que te has adentrado en esta etapa de mi vida tan particular quiero que entiendas que para mi, por lo que he pensado, crecido creyendo, y por lo que me ha dado identidad toda mi vida, son cosas suficientemente valiosas e importantes como para pensarlas más de la cuenta. Así que perdóname si le doy más de una vuelta y media a la tortilla…

La primera vez que vine a India fue en un mini-viaje misionero con la iglesia, hace más de tres años ya. Entonces tenía las cosas clarísimas en mi vida, y una parte de mi se comía el mundo con ese viaje. En ese momento me hubiera quedado de misionera y evangelizado a las naciones del mundo entero, empezando por el Himalaya, y me hubiera bancado las fiebres y las diarreas que hubieran hecho falta…. Sin embargo, creo que no es casualidad que me encuentre en la India después de que la vida (o quién sabe, quizá Dios mismo) me haya dado un par de buenas ost… así, con la mano abierta. Y digo que creo que no es casualidad porque los religiosos raramente creemos en la casualidad, y por esto a veces me da por pensar que quizás tenía que llevarme una buena cura de humildad (de la que aún hoy necesito una buena rebanada diaria) para volver a este país con la mente vacía y verdaderamente dispuesta a escuchar. Y dispuesta a aprender.

Ahora, dicen que hay dos formas de aprender (y aunque sea en esto, dadme un poco de crédito como profe): Una es por aprendizaje pasivo, por la que uno se deja imponer la información desde fuera sin hacer mucho análisis crítico ni constructivo, debido a que en el fondo no le interesa verdaderamente aprender. Es un aprendizaje conformista, un medio más que un fin en sí mismo, un aprender sin “mojarse demasiado”, por así decirlo. Por otro lado está el aprendizaje activo, en el que uno se sumerge, se mancha, se empapa (a veces se ahoga), porque hay un interés genuino y último de entender y aprender, cueste lo que cueste y aunque nos rompamos la cabeza contra la pared.

Y eso es lo que estoy intentando hacer en esta etapa: Aprender, pero de verdad. Con la mente abierta. Sin cerrar los ojos ante nada. A escuchar, también, lo que me resulta incómodo escuchar…

Bueno, y una vez te he soltado este rollo, te voy a dar unas pinceladas de algunos encuentros o anécdotas interreligiosas que he tenido y han dejado su pequeña huella en mi paseo por la India, en este proceso bruto de aprendizaje #nofilters. Sin hacer un análisis teológico ni reflexivo sobre ellos (eso te lo dejo a ti, si quieres).

Encuentro #1: Iglesia

Desde que estoy aquí he visitado algunas iglesias. Bueno, quien dice algunas dice tres, para ser exactos. La primera era una muy pequeña, de un amigo (conocido) que vive en Bangalore y me invitó a visitarla. El efecto iglesia-pequeña-india fue que nada más poner un pie dentro me pidieron que cantase, tocase la guitarra, predicase y si podía hacerlo todo a la vez, mejor. Fue muy abrumador. La segunda iglesia que visité hizo que casi me quedase sorda. Canciones a grito pelado en kannada y batería a saco. Y bueno, una predicación interminable sobre ni me acuerdo qué, porque después de tres horas decidí que me iba (no sin antes mandarles un pequeño vídeo-reportaje a mi familia desde el baño de la iglesia para hacer la gracia). La tercera iglesia era una iglesia anglicana, un poco más parecida al prototipo de iglesia occidental a la que estaba acostumbrada… y era muy grande. Demasiado grande, quizás, para mi, que he crecido en una iglesia en la que me paseo en calcetines y el púlpito está a la misma distancia que el baño… era como estar sola en medio de cientos de personas.

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Esta es la Iglesia de Anantapur, en la que no sabes bien si Jesús intenta abrazarte o hacerte parte de un ejército de apocalipsis zombie. #miedito

Encuentro #2: Templo de Sai Baba

Cuando todavía estaba en Anantapur visité con unos amigos el templo del famoso Sai Baba. Un gurú, líder espiritual  con miles de discípulos por todo el mundo que se hizo famoso internacionalmente por realizar todo tipo de milagros, desde la materialización de objetos de oro (anillos, diamantes, relojes), resurrecciones, sanidades… aunque no libre de fuertes polémicas. Fue estremecedor ver la devoción de prácticamente la totalidad de la región de Puttaparthi, donde levantó un hospital gigantesco entre otras iniciativas sociales. Una de mis ex-alumnas de la Escuela Profesional me dijo un día que, para ella, solo había dos dioses (que un hindú diga esto es bastante revolucionario): Vicente Ferrer y Sai Baba. Cuando le pregunté por qué, me dijo que para ella los humanos eran humanos y eran imperfectos, y que los únicos dignos de su devoción eran aquellos que habían hecho algo por ella y por su familia.

“Mi tío se salvó de una enfermedad terminal en el hospital de Sai Baba. Fue un milagro y siempre le estaré agradecida”.

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Con mi amiga Narmadita

Encuentro #3: Rubbi y su hiyab.

Un día estaba hablando con otra alumna de la escuela profesional, que es musulmana, y no pude evitar preguntarle por el hiyab que tenía que ponerse cada vez que salía a la calle. ¿No te molesta? Le pregunté. No, no me molesta, estoy acostumbrada. Tu llevas una ropa distinta a la mía porque estás acostumbrada… A partir de ahí tuvo lugar una conversación de lo más interesante sobre Dios, religión, restricciones, diferencias, cultura… de todo un poco.

Me enseñó a ponerme mi pañuelo en la cabeza a modo hiyab, y tengo que decir que, por incómodo que pueda parecer, ha resultado ser el descubrimiento del siglo en cuanto a protegerme de la constante exposición al sol. En el cole llevamos semanas echando horas en el patio con los niños entrenando para las olimpiadas, y ahí nos ves a la mitad de las profes con los pañuelos cubriéndonos toda la cabeza, que parece que nos vamos a peregrinar a la Meca…

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Encuentro #4: Teología de una niña de ocho años

Hace poco y sin venir a cuento de nada, una niña del cole (ocho años de edad) me preguntó que si iba a la iglesia (parece que aquí a la mayoría de los blanquitos nos meten en la categoría de cristianos porque venimos de “países cristianos”). Me dijo que ella era musulmana…

 …pero yo creo que todas las religiones van a ir al cielo.

¿Sí? ¿Por qué piensas eso? (pregunto)

Bueno, a ver… es que tengo unas amigas que un día me dijeron que es que si no soy cristiana no voy a ir al cielo. Pero yo creo que no es que a Dios solo le guste UNA religión, porque como que todas tienen cosas buenas… Y creo que a Dios le gustan las cosas buenas y las personas buenas…

Encuentro #5: Orando con mis alumnas

Durante mis últimas semanas en Anantapur las niñas de la escuela se presentaban a los exámenes finales. Me enteré de que había un grupo de ellas que eran cristianas y que todos los jueves por la noche se juntaban para rezar y leer la Biblia, así que les pregunté si un día podía ir a cotillear. Total, que una de esas noches aparecí en la escuela, me dejé guiar por unas vocecillas suaves y unánimes que cantaban alabanzas en telugu y me las encontré ahí, a siete de ellas, sentadas en un círculo con sus pañuelos en la cabeza. Después de cantar, se pasaron una Biblia e iban leyendo cada una un versículo, y cuando llegó mi turno me señalaron la traducción en inglés. Luego oramos las unas por las otras, por los exámenes, las entrevistas, la familia… y las preocupaciones de cara al futuro en general.

Encuentro #6: Diwali

El mes pasado celebramos Diwali, el festival de las luces. Es una fiesta hindú que representa la victoria de la luz sobre la oscuridad. Para los hindúes es como su Navidad, y la India se pone patas arriba. Mis compis de piso y yo, que no somos muy fans del ruido y los petardos, nos fuimos con un grupo de amigos a pasar el fin de semana en la montaña de Chickmangalore. Los majísimos dueños del hostal en el que nos quedamos nos invitaron a presenciar su celebración de Diwali. Esa noche llenaron la casa entera de velas e hicieron algunas poojas, que son como pequeños rituales en los que queman incienso delante de las figuras de sus dioses, como en un acto de gratitud e invocación de prosperidad sobre ciertas cosas.

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Esta foto la hice desde fuera del cuarto, ya que nos habíamos tomado un par de cervezas antes de la ocasión y eso nos hacía totalmente indignos de estar ahí presentes. Pero bueno, que tampoco tenía intención de hacerlo. Todos hemos visto esa escena de Indiana Jones...

Encuentro #7: El Corán

Hace una semana me encontré un vídeo en Facebook de una musulmana feminista (sí, aunque es posible que ambos conceptos te rechinen en los oídos), vídeo que me llevó a otro, y a otro, y que al final no sé cómo acabé descargándome una versión pdf del Corán. El caso es que aconteció que, justo unos días después, me encontré con que algunos de mis vecinos musulmanes habían montado unas mesas en la calle y estaban regalando Coráns.. (¿coranes…? ¿croasanes? jo, ¡ojalá hubieran estado repartiendo croasanes…!). El caso es que aproveché para saludarles y preguntarles si me podía llevar uno. Bueno, pues resulta que aprendí algo que no sabía sobre los musulmanes porque no estoy acostumbrada a verlo en España, pero parece que son bastante proselitistas, y pueden llegar a serlo al más puro estilo “testigo de Jehová” que te puedas imaginar. Madre mía, que me tiré ahí una hora hablando con ellos, que si profecías, que si el mesías, que si la virgen y san José. He de decir que me llamó muchísimo la atención lo muy, muy “evangélicos” que me sonaban muchos de sus argumentos. Vamos, que al final tuve que cortarles porque había quedado con un amigo y llegaba tarde, así que les dejé ahí a los pobres súper preocupados por mi salvación (y puede que con razón).

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Mezquita de al lado de casa

Encuentro #8: Meditación y sanidad espiritual

El finde pasado por el cumple de una amiga estuve en Neredu Valley, un centro de retiros de “meditación y sanidad espiritual”. En realidad solo pasamos allí un día de tranquis y realmente no había ninguna actividad organizada para nuestro grupo. Pero bueno, el caso es que una de mis amigas (que es la alemana menos alemana que podrás encontrarte en este planeta) a la que le mola mucho el tema del yoga, y el karma y todas estas movidas de las cuales tengo que enterarme porque la verdad es que no estoy muy puesta, nos propuso hacer una actividad en la cual teníamos que mirarnos a los ojos los unos a los otros durante un buen rato, hasta que sintiéramos que de alguna forma conectábamos (¿?) con la otra persona (tenía una explicación más profunda pero la verdad es que si te la intento contar me la voy a acabar inventando, así que prefiero no columpiarme). Fue un poco raro al principio porque la mayoría de las chicas que estábamos ahí no teníamos ni idea de lo que estábamos haciendo e inevitablemente nos entraba la risa floja (qué poco espirituales somos, de verdad), pero fue muy impactante  ver que, poco a poco, algunas terminaron profundamente tocadas después de algo tan aparentemente simple como mirar a los ojos a otra persona durante un rato. Fue increíble lo rápido que pasamos de la risa a las lágrimas y de las lágrimas a la risa otra vez.

Más tarde hicimos una hoguera en la que quemamos papelitos donde habíamos escrito cosas que queríamos dejar atrás, y también sueños para el futuro. Estuvimos un buen rato ahí tirados al calor de la hoguera, mirando el cielo plagado de estrellas … uno de esos momentos imposibles de capturar.

Encuentro #9: “Amén”

Esto más bien es una pequeña anécdota que pasó el otro día y me hizo un poco de gracia. Resulta que en mi cole los martes nos reunimos todos en asamblea para llevar a cabo distintas actividades. A mi, como la única profe española, me tocó dirigir el “Spanish Day”  y organizar algunas actividades relacionadas con el español (entre otras cosas, enseñé a mis alumnos a cantar “La Bamba” y a bailar “La macarena”). El caso es que con toda la locura que supuso la planificación de último momento se me olvidó preparar el discurso de bienvenida que siempre hacen los profes cuando les toca dirigir la asamblea,  y entre otras cosas este pequeño discurso suele contener un breve “pensamiento del día” y una oración/ rezo/ plegaria.  Aunque no es un colegio religioso, aquí en la India la espiritualidad está fuertemente arraigada en la cultura, y muchas veces es normal que musulmanes, hindúes y cristianos recen juntos a un “dios neutro” (como dicen ellos). El caso es que me tocó improvisar esa pequeña parte,  y bueno, a pesar de que fui lo más escueta posible por temor a hacer o decir nada que fuera políticamente incorrecto u ofensivo, parece ser que mi oración nerviosa y con los ojos abiertos no pasó desapercibida, y de reojo vi cómo se reían algunas de mis compis profes. Más tarde les pregunté…

Es que ese “amén” al final ha sonado muy cristiano, aquí no lo usamos porque intentamos ser neutros… Pero bueno, ¡que nos ha gustado mucho tu oración! 

Lo siento, una que no puede estar a todo…

Encuentro #10: Vicente Ferrer y la Providencia.

Sin duda uno de los encuentros religiosos más impactantes que tuve fue en realidad antes de venir a la India, y fue con la propia persona de Vicente Ferrer, a través de su biografía. Ya una vez escribí una entrada sobre cómo el testimonio de este hombre me había inspirado a viajar tan lejos y tan fuera de mi zona de confort, y cómo su forma de pensar me había confrontado en un momento de mi vida en el que necesitaba poner todo patas arriba por un rato.

Vicente hablaba siempre de “La Providencia”. En cierta ocasión compartió sobre cómo se había dado cuenta de que no encontraría a Dios en los libros, y que aunque no tenía nada en contra de la teología, la religión y todo lo relacionado con el “más allá”, se había dado cuenta de que era el “más acá” lo que le llamaba de forma urgente, y  que era el trabajo de servir y amar a los demás de lo único de lo que podía estar cien por cien seguro.

“De las cosas del más allá puedo dudar, pero de que este hombre delante mío tiene hambre y es mi deber alimentarle… de eso no, de eso no puedo dudar”.

De esta forma fue como Vicente salió del monasterio de clausura, tiró el hábito y los libros, y en su forma de expresarlo, decidió “dejar” a Dios… por amor a Él. 

 

Vicente, no te voy a poner en mi habitación con un collar de flores y quemar incienso delante tuya como lo hacen algunos indios anantapureños. Pero me declaro fan.

***

Bueno, termino contándote que el cuadro de Ganesh, el dios elefante, sigue de pie apoyado en la pared de mi habitación. Creo que después de pasar por las fases de 1)descolgarlo 2) buscar donde esconderlo y 3) ignorarlo, he llegado al punto 4) de convivencia pacífica en el que ya no me molesta particularmente su presencia, así que probablemente se quedará ahí para recibir a mi hermana de la misma manera creepy con la que me recibió a mi…

Que por cierto, ¡¡NOTICIÓN!!,  SÍ, mi hermana estará aquí conmigo la semana que viene, se quedará un mes. Quizá pronto podáis leer algo en este blog de una escritora de verdad…

¡Namasté!

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Papi dice:

    ¡Qué pasada, Consu! Un increíble rosario de anécdotas (¿dije “rosario”? ¡Ay, con esta cultura tan permeada por la religión! 😉 ), para ilustrar una experiencia de lo más intensa (y profunda) y, además, contada con tanta gracia, humor y “aparente” superficialidad.

    Nos obligas a leer entre líneas y abres un montón de temas muy tentadores para iniciar profundos debates (¡a los que nos encanta debatir!). ¡Necesitaríamos unas cuantas sobremesas teológicas y filosóficas interminables, de las nuestras! 😉

    De toda la multitud de cosas que me sugieren estas anécdotas, vivencias y algunas de tus reflexiones, la primera es que, sin duda, la India es “un lugar ideal” para poner a prueba nuestro andamiaje espiritual y teológico (el fundamento y las columnas de nuestra fe) –cualquiera sea su nivel de calidad, solidez, fortaleza y coherencia—. Y así descubrir su “salud” o su debilidad, inconsistencia y… en cualquier caso, “insuficiencia”. Descubrir que la mejor teología no nos “religa” a Dios, ni nos salva, ni sacia la sed espiritual del corazón del hombre –de nuestro corazón, para ser más concretos–. Descubrir, también, la sed no-disimulada de Dios, en un país lleno de religiones diferentes… Mucho menos hipócrita, en ese sentido, que nuestra orgullosa sociedad occidental y “cristiana” tan secularizada (donde lo menos discutible es su relativa “occidentalidad”, que es relativa porque depende de nuestra mirada prepotente del globo terráqueo. Lo de “cristiana”, es todavía más discutible).

    Pienso en esa pobre niña de 8 años, por ejemplo, que tuvo la desgracia de escuchar “que si no era cristiana no iría al Cielo”, sin embargo, ella piensa que es un error, porque “a Dios le gustan las cosas buenas y las personas buenas”. ¡Tiene razón! (¡Por algo dijo Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”!). Pero existen visiones muy opuestas entre pensar que “todas las religiones son buenas”, o que “todas las religiones son malas” (como dicen los ateos), o que “todas las religiones (incluida la cristiana) son inútiles placebos”, como denuncia el Evangelio.

    Probablemente, la India sea el mejor (si no el único) lugar, en el siglo XXI, que aún le permite a un heredero de la cultura judeo-cristiana, experimentar los sentimientos que deben haber tenido Abraham, en Ur de los caldeos; José en Egipto; Daniel en Babilonia; y el “pequeño” greco-judío, Saulo de Tarso (Pablo, del lat. “Paulus”: pequeño o humilde) en el areópago ateniense, tras recorrer todos los altares paganos y quedarse con la mirada fija ante uno, dedicado “al dios no conocido”. (No se si se parecería al elefante Ganesh 😉 … no lo creo).

    Pero no tengo dudas de que, cuando Pablo tomó conciencia de la “rica” religiosidad de los atenienses (“varones atenienses, observo que sois muy religiosos”, dijo), tuvo que revisar su andamiaje teológico para desnudarse de todo resto de judaísmo en su discurso, y no solo por cuestiones de “estrategia comunicacional” –que también–, sino que estoy convencido de que, fue en esa exposición honesta al mundo greco-latino (con la mente abierta, y dispuesta a aprender) donde San Pablo comprendió mejor las más profundas verdades del “evangelio de la Gracia”, como él lo bautizó, y al que le gustaba referirse –tras encarnarlo—como “mi” evangelio. Creo que lo mismo debemos hacer todos los que nos consideramos seguidores de Jesús; nos enfrentamos a ese despojo permanente de ropaje y envoltorio cultural que nos impide, a veces sin darnos cuenta, vivir, encarnar y proclamar el “solo Evangelio de Jesús”; el “solo (y suficiente) Cristo”.

    No es nada fácil. La religión produce hábitos (unos inocuos, pero otros muy malos), que crecen como las malas hierbas, que terminan por estropear los mejores jardines. Se requiere una limpieza y una poda permanente. Y por mucho que uno intente vivir la “sencillez evangélica” (en una iglesia en la que puedas andar en calcetines sin que nadie se escandalice 😉 ), la poda y la limpieza es una necesidad permanente.

    Atenas fue el lugar ideal para Pablo y… por lo que me cuentas… a lo mejor tendría que plantearme irme yo una temporada a la India 🙂

    Love you ❤

    Papi

    Le gusta a 1 persona

    1. estefyeddy dice:

      Me ha encantado tu reflexión Jorge 👌🏼

      Me gusta

  2. konsufdezag dice:

    ¿Qué tal, Consuelo? Luego de enviarte el mail entré a tu blog y leí el capítulo 14 sobre religión. Me gustó, le entrás al tema por la tangente, oblicuamente, así hacen los filósofos. Además si vas en forma directa, chocás y generás resistencia, que es lo que pasaría con tu padre, a quien me parece que en definitiva está dirigido el escrito.

    Y quisiera compartirte algo.

    Fui a la India para servir a Dios empleando la medicina para los más pobres. Sin embargo había un segundo propósito escondido: mi búsqueda espiritual.

    Ha pasado el tiempo y muchas aguas bajo el puente. Te quiero contar como veo hoy las cosas.

    Ya hacía mucho la religión cristiana evangélica no me cerraba. Argumentos numéricos y estadísticos como si había 8.000 millones de habitantes en el planeta, de los cuales solo 2.000 millones eran cristianos, y de estos 800 millones eran protestantes, de los cuales quizás la mitad de verdad asistía a la iglesia, y sabemos que de los que van a la iglesia, muchos solo van “a calentar el banco”, me quedaba con que probablemente solo unos 100 millones eran de verdad “convertidos”. Es decir el 1% de la población mundial. Significaba que el 99% iban al infierno. Si el evangelio era el plan de Dios para salvar al mundo, luego de 2000 años había resultado un completo fracaso. ¿Ese es el poder de Dios para salvar? Por supuesto a Dios siempre lo justificamos, la culpa la tendrían los hombres, es que no hubo y no hay personas suficientemente consagradas? Cómo no responsabilizar a Dios que no pueda generar en el hombre adhesión? Qué le falta, liderazgo?. El otro gran culpable a señalar es el diablo, acaso puede frustrarle el plan a Dios? Durante 2000 años le jodió el plan? Se le ríe en su propia cara? Podría seguir con la perorata …

    Luego si Jesús murió en el año 33 DC, o más precisamente en el 29 DC, ¿a partir de cuánto la gente es salvada por su sacrificio? Al día siguiente, al año, en el 50 DC, en el 200 DC? Porque convengamos que era difícil que en aquella época sin internet la gente se enterara rápidamente, se me ocurre que al África llegó el mensaje varios siglos después, a la India fue un discípulo de san Ignacio de Loyola allá por el 1570, a la china, un poco después, a América después de Colon, y vaya a saber a los pueblitos perdidos cuando … incluso en la actualidad habrá gente en pueblos perdidos de la estepa de Mongolia, o desierto de Afganistán que no tienen idea sobre el evangelio, o que les llega una imagen muy distorsionada, para muchos cristianismo es occidente y occidente es Hollywood. Cómo condenarlos al infierno si no recibieron el mensaje, o al menos alguien que les predique el mensaje “en el espíritu”. Y si se pueden salvar por una vía alternativa, digamos la conciencia, para qué semejante inversión divina y tanto lío con el evangelio, si se pueden salvar igual? ¿Qué el evangelio les aportaría una mejor calidad de vida? Habría que analizarlo, que tal es la calidad de vida y espiritualidad o profundidad de la gran, gran mayoría de los cristianos.

    Todo esto surge de la biblia, supuestamente inspirada por el Espíritu Santo, pero que los manuscritos originales se han perdido, solo existen copias y copias de copias (también inspirados los copistas para no errarle ni en una tilde o una coma?) Textos compilados en un concilio por sacerdotes católicos, equivocados en tantos temas pero justo acertados e inspirados por el espíritu en esta cuestión crucial, como cuáles 4 evangelios son los verdaderos, habiendo más de 40 en danza? Pero lo más importante todavía, como decía Hans Küng, ¿De qué sirve que la Biblia esté inspirada si el lector no lo está? En efecto, los lectores han hecho de su interpretación cualquier cosa, cada quien entiende lo que quiere, así la inquisición y tantas sectas y aberraciones a partir de la biblia. Entonces ¿Cuál es la importancia suprema de la Biblia? Cómo poner a ella como fundamento de doctrinas? Y qué doctrinas entonces poner? ¡ Es que hace falta tener doctrinas?

    En fin tal que con estos y muchos otros argumentos hace muchos años que dejé felizmente la iglesia evangélica, y aunque reconozco a Jesús como un avatar, un enviado, una persona despierta, un iluminado o algo parecido; y aprecio mucho su mensaje, (aunque mi postura crítica no es solo para la religión cristiana preservando la figura de Cristo, sino que también incluye al cristianismo como creencia, aún en el supuesto estado más puro –a propósito quien tiene al cristianismo genuino, al verdadero, al no manchado? Seguro que el que lo afirma tiene la suerte de poseerlo!!- ya no creo en la necesidad de “confesar con tu boca y creer con tu corazón que Jesucristo es el Señor” como el único camino para la salvación, ni en la biblia como la palabra de Dios, ni creo en satanás, ni en el infierno, ni en la necesidad de salvación, ni en …

    Me gusta el punto de vista del Budismo Zen “que no cree en el creer”. Sin embargo eso ya es una creencia. Una creencia es adherir a una idea sin poder fundamentarla racionalmente, si la podemos explicar racionalmente es un conocimiento. Pero son tantas las cosas que escapan al conocimiento, no solo si Dios existe o no, también sobre el origen del universo en cuanto que había antes del big bang, o qué era esa materia que explotó. Fue ese el único big bang o es cierto que sucede un big bang por segundo, qué hay en la materia oscura o en la energía oscura que componen el 96% de este universo, cuántas otras dimensiones existen aparte de ésta que conocemos, si hay 100.000 millones de planetas similares al nuestro solo en nuestra galaxia, en cuántos habrá vida semejante a la nuestra?, y que pasará en las otras 200 mil de millones de galaxias que hay en el universo, es verdad que existirían otros infinitos universos (a propósito como dice el himno “al contemplar los cielos … cuán grande es El!! Sí … mi corazón entona una canción), a cuantos planetas o universos visitó Jesús, en cuantos murió, (o este Dios es solo un Dios local? de este planeta?). Si la materia no es más que partículas subatómicas, que en realidad son quantums de energía, de qué está hecha o compuesta esa energía, etc. etc. Es casi imposible afirmar algo con completa seguridad, la ciencia va avanzando, las teorías se caen, nacen nuevas, se crean nuevos modelos explicativos. Así es como irremediablemente terminamos usando creencias en todas las áreas de la vida, no solo en cuestiones religiosas.

    De modo que habiendo tanto sin conocer inevitablemente se cae en supuestos, a los que si uno adhiere se transforman en creencias, como que nadie puede escapar de la creencia o del creer. Porque del mismo modo que no se puede hacer música sin emitir sonidos, así la mente discurre sobre pensamientos, ideas, el lenguaje, imágenes y las creencias. Hace a la esencia de la mente, la mente funciona de esa manera, corre sobre dichos carriles. De manera que si queremos evitar las creencias, debemos salir de la mente, ir más allá de ella.

    Aquí se ponen contentos los cristianos, estaríamos hablando del espíritu, o de acuerdo a la psicología transpersonal, lo supra-conceptual, que utiliza otros modos cognitivos. El método analítico lógico racional sería solo un modo cognitivo y podríamos abordar la realidad por otros medios: la meditación, la oración (de vuelta contentos los cristianos), la intuición, etc. el cerebro funcionando no con ondas beta sino ondas alfa, quizás también las theeta o delta … o las gama!

    En fin que con todas estas cuestiones he dejado de decir “creo” o “yo sé que” y utilizo una argucia lingüística, digo “me gusta pensar que …”

    Así que me gusta pensar que lo que existe es Dios, no me gusta eso de “la Creatio ex nihilo”. ¿Cómo Dios crearía de la nada si Él es el todo? Si es el todo, no hay lugar para la nada, de otro modo no sería completamente “todo”. Sería una contradicción que la inexistencia exista, la nada debería ser eso, nada; si algo saliera de ella, no sería absolutamente nada. De modo que Dios necesariamente debería haber creado de sí mismo, de su esencia ha salido todo lo que existe. Esto en filosofía se conoce como emanantismo, no sería exactamente creación de Dios sino emanación de Dios todo lo que existe. Este pensamiento para algunos es panteísmo, sin embargo quizás no sea exactamente lo mismo ( y si lo fuera me da lo mismo, soy plenamente consciente de las limitaciones del lenguaje, me río de los conceptos, de las definiciones, y más de las etiquetas). Vale que el panteísmo reduce a Dios a todo lo que existe, y lo que estoy planteando es simplemente reconocer la esencia divina en todo lo existente, sin desconocer la trascendencia de Dios más allá de todo lo existente (que San Pedro también dice que somos participantes de la naturaleza divina, y San Pablo en el discurso a los atenienses diciendo que “en Él vivimos, nos movemos y somos”). Por supuesto incomprensible para la mente, y que así tiene que ser, porque si Dios fuera comprensible, si lo puedo meter adentro de mi mente, significa que ese dios es una creación de mi mente. A como sea, que la mente es incapaz de captar plenamente a Dios, como dice el cuento de San Agustin de Hipona, te acordás (que andando por la playa tuvo como una visión y un ángel le ordenó hacer una hoyo en la arena y con su gorra traspasar todo el agua del mar a dicho hoyo. Cuando el responde que es imposible, la voz le dice que eso era lo que él quería hacer al querer meter a Dios en su mente) o como le sucedió a santo Tomás de Aquino, el neoescolástico, que tras escribir los 20 enormes volúmenes de la Summa Teológica para explicar a Dios y justificar racionalmente la fe, tuvo una visión 3 días antes de morir y dijo “quemen todo lo que he escrito, es basura”

    Necesariamente Dios tiene que ser un misterio para la mente racional, y eso no quita que pueda ser una vivencia, y me gusta pensar que así como Dios es la esencia de todo, se transforma en mi vivencia a medida que se abre mi conciencia, que despierto, que crezco, que evoluciono, que me libero de creencias, no solo de las malas o equivocadas, de todas!.

    Volviendo al tema religión, la ubico en el “meme azul” (teoría de las memes, membranas o niveles de Ken Wilber –psicología transpersonal- hablando de la evolución de la especie humana). Saliendo del rojo, esa etapa evolutiva caracterizada por la horda o el clan, el reino de la emoción donde impera la violencia, para entrar en el azul, el orden, la racionalidad, el gobierno, el autoritarismo, y ¡la religión!. Está bien en un período de la evolución o en una etapa de la vida, es necesaria. Luego si crecés, te molesta y tenés que sacártela de encima, no importa que religión sea, incluyo entre las religiones a todas las creencias: al que cree en la infalibilidad del conocimiento, al ateísmo, al dogmatismo pseudocientífico, al escepticismo del cínico y renegado, al agnosticismo del ignorante (ignorante porque como sabe que no se puede saber?)

    Me entusiasmé escribiendo, estarás ya aburrida, y yo dándote a la lata … discúlpame lo extenso. (y seguramente también yo escribí vía olímpica a tus padres … ja, ja). Un abrazo, Davy

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