Capítulo 17: Nuevos comienzos y el extraño fenómeno de “la desconexión”

“Deja de preguntarle al mundo lo que necesita. Pregúntate qué te hace sentir vivo, y después ve y hazlo. Porque lo que el mundo necesita es gente que esté viva…”

Howard Thurman

Hace un par de semanas empezó un nuevo capítulo de mi vida en India (¿el segundo? ¿el tercero..?). El caso es que volví después de pasar tres semanas de vacaciones en España. Tres semanas maravillosas en las que sorprendentemente pude ver a un montón de gente, a pesar de que me pasé los días prácticamente encerrada en casa con mis hermanas acostándome a las tantas y durmiendo toda la mañana. Yo, que soy un culo inquieto y no puedo quedarme en casa sin hacer nada… ¡supongo que sí que se echa de menos el nido, después de tanto tiempo!

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Vacaciones en Asturias con mi familia 🙂

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Y ahora empieza un nuevo capítulo, el comienzo de un nuevo curso escolar. Llevo ya un año en la India y tengo otro entero por delante, lleno de ideas, planes, interrogantes, expectativas …

Creo que me sentó bien volver a España, mejor de lo que pensaba. Vuelvo con las pilas cargadas y la mente renovada. Vuelvo con ganas, sí, a pesar de que pensaba que volver a España sería contra productivo porque me haría querer quedarme en la comodidad y el calor del hogar… Pero lo cierto es que me sorprendí a mi misma en España con muchas más ganas de volver a India de las que creía que tendría. Supongo que, al fin y al cabo, ahora este es mi nuevo hogar. Ya no vuelvo a lo incierto y desconocido, vuelvo a otro nido, otra nueva “zona de confort”. Vuelvo a casa (?!), por raro que parezca…

Creo, además, que esta vez he dejado España de una forma muy distinta a la última vez que la dejé. ¿Recordáis mi enfado con el mundo? ¿Esas ganas de tirar todo por la ventana con las que me fui hace un año? Bueno, creo que al estar allí me di cuenta de que quizá ya no estoy tan enfadada como estaba antes.. Eso, o es posible que haya llegado a ese momento clímax de la rabieta típica de los niños en el que simplemente tienen que elegir entre seguir llorando o respirar… y una vez respirando, uno se da cuenta de que quedarse llorando no va a arreglar las cosas.  Bueno, el caso es que ya no me siento tan rayada, ni tan harta, ni tan cansada, tampoco sé decirte si he practicado el arte del contentamiento o de la resignación, pero el caso es que me siento mejor. Parece que veo la misma realidad que veía antes pero a través de unas nuevas gafas. Como si la India se me hubiera “metido en el ojo”, de forma que las cosas que antes me preocupaban o me frustraban ahora me parezcan de una importancia relativa, y hasta me hagan un poco de gracia. Todo se ve a través de una nueva lente, una nueva perspectiva extraña…

A la vez, ir a España me hizo darme cuenta también de lo muchísimo que he cambiado. ¿O quizá lo muchísimo que me he encontrado? ¿Vuelta al tópico de viajar para encontrarse a uno mismo..? Y aún habiéndome encontrado a mi misma, o conocido un poco más en algunos aspectos.. aún así he vuelto con la sensación de que nunca en mi vida me he sentido tan perdida. ¿Dónde estoy? ¿Dónde voy? Siento que cuanto más sé, cuanto más conozco sobre mi misma y sobre el mundo en el que vivo.. cada vez que sé más, sé menos. Y cuando creo saber algo, al instante lo des-sé. Me doy cuenta de que no, que no lo sé y que todo siempre tiende a un infinito patas arriba..

Pero lo bueno es que estoy aprendiendo a reírme de ello. Un día estando en España le contaba todas mis ralladas de la vida a mi hermana pequeña (sé lo que estás pensando, pobre de tu hermana), y no sé por qué, surgió la expresión de “la desconexión” como un algo que era nada, y que a la vez lo definía todo en la siguiente frase: “Es que siento desconexión”. Y no sé por qué me empezó a hacer mucha gracia que hablásemos de nuestras rayadas mentales con ese término, creo que cuando lo expresé me refería más a un cortocircuito mental que a una desconexión (¿desconexión de qué??),  pero bueno, así se ha quedado y se quedará esta etapa en mi vida definida, con el extraño fenómeno de “la desconexión”. Fenómeno que, por cierto, queda perfectamente reflejado en esta viñeta que me dedicó mi hermana hace tiempo en una de las entradas de su blog (al que por cierto debes echar un vistazo, es muy genial y tiene cosas bonitas e interesantes a diferencia de este).

RAYADA
Blog de mi hermana: https://algunasjulietadas.wordpress.com/

 

Bueno, tengo que decir que la vuelta a India no se quedó corta de intensa, pero fue a la vez muy entretenida. Tuve la suerte y la alegría de compartir mi reinserción a la realidad bangaloriana de la mano de una de mis mejores amigas del mundo y de la vida, la más “vieja” que tengo, como le digo a la gente…¡pero no por edad, si no por antigüedad! Y es que nos conocemos desde que yo tenía 6 años.. ¡Qué bonito es saber que hay gente que te ha aguantado toda la vida, y descansar en la idea de que probablemente le tocará seguirte aguantando muchos años más! (gracias por adelantado, jeje).

 

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Amalia y yo visitando el pueblo de mi amiga Narmada

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Por otro lado, el curso escolar ha empezado, y se presenta bastante interesante. La “locura Legacy” (“Legacy madness”, como lo llamamos algunos profes) continúa con más fuerza que nunca. Cambios de horarios, niños que no saben en qué asignaturas se han apuntado, clases sin amueblar, profes que van y vienen, cambios de ultimísimo minuto… A veces miro el año que me queda por delante y me pregunto seriamente si sobreviviré al “ritmo indio” o si este acabará conmigo… Luego miro a los niños, y les oigo gritar sus ¡OLAPOFEZORA! por los pasillos, y se me pasa un poco.

Por suerte, este año he empezado con mucho mejor pie en el cole que el año pasado, que fue una entrada a mitad de curso, atropellada e inmisericorde (si se me permite usar esa palabra que no sé si me he inventado porque el autocorrector me la subraya), en la que no me enteraba de nada de lo que estaba pasando y me sentía más perdida que Wally en el Vicente Calderón.  Bueno, este año ya me he hallado un poco (¡al menos no me toca aprenderme millones de nombres nuevos y fonéticamente imposibles!). Además, después de mucho rogar, nuestra princesa Blancanieves ha conseguido, junto a la profe de francés, que nos asignen nuestra propia clase. ¡Tengo mi propia clase de español! Parece una tontería, pero no sabéis lo que estoy disfrutando de poder llenar toda la clase de carteles, dibujos y todas mis cositas y las de los niños.

Soy una profe feliz 🙂

Además, este año quiero aprovechar y ampliar un poco mi formación como profe de español, enterarme bien qué es todo esta secta de “profes ELE” que está tan de moda ahora, así que he decidido sumergirme en este mundillo nuevo como aprendiz haciendo un curso online que se llama “Enseñanza de ELE para niños”, que la verdad, me está gustando mucho. ¡Ya te iré contando!

Esta vez no hay despedida dramática ni moraleja de la entrada. Qué sosa. No me gusta, pero bueno es lo que hay.

¡Namasté!

 

 

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