Alleppey (Kerala): La “casa-barco”

“On a rainy day
And as the world will blow to bits
I’ll cradle you and hold you tight” 

Eels

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Y finalmente… ¡el día ha llegado! Sí, dear friend, por fin ha llegado el día en el que este blog empieza a cobrar un poco de sense, y empieza a parecerse un poquito más a un blog de viajes. Supongo que tras muchas vueltas de tuerca, reflexiones inconclusas y comentarios de amigos y familiares preocupados por mi salud mental, emocional y espiritual (:P) he decidido que voy a cortarme un poco el rollo a mi misma, y a empezar a hablar de cosas normales que cuenta la gente normal que viaja. Y poner fotos y tal. Vamos, que me he vuelto original.

Así que hoy empiezo a hablartede mis viajes por India. ¡Yaaay! ¡Qué emoción! Espera, ¿pero no necesitas primero viajar por India para poder hacer eso…? Bueno, el caso es que no viajo tanto como me gustaría, ya que tengo una misión de superSpanishteacher que priorizar y que me absorbe de lunes a viernes (y a veces sábados), y aunque es cierto que me gustaría dedicarme a recorrer este maravilloso país en algún momento a tiempo completo (vacaciones, i need you), ahora no me estoy dedicando a ello como un propósito. Aún así, como la vida me sonríe y la Providencia me acompaña, he tenido la oportunidad de hacer algunas escapadas muy bonitas e interesantes, y me daría pena que no quedasen reflejadas en esta pequeña ventana de lo que está siendo mi vida en este país.

Así que sin más dilatación (como decía de pequeña) voy a empezar contándote un poquito sobre  mi última escapada a uno de los lugares más maravillosos en los que he aterrizado por estas tierras. El maravilloso “Alleppey” (Alappuzha).

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Alleppey es conocido por muchos como la «Venecia del este»,  y es que es que una ciudad situada en la costa del distrito de Kerala formada por una laguna con canales que son surcados a lo largo del día por canoas, barcos de distintos tamaños, y los famosos “houseboats” o casas-barco. Las casas-barco son la mayor atracción turística de esta ciudad, y aunque no soy muy fan de las actividades supertourist, lo cierto es que me siento afortunada de haber podido vivir esa experiencia de pasar la noche en una casa-barco, que sé que es algo que quizás nunca habría planeado como iniciativa propia. Esta vez, sin embargo, la situación lo requería, y es que mi familia india tenía un acontecimiento importante que celebrar: el 30 cumpleaños de la pequeña Sunnu (o Sunnemone, para los de la family). Lo cierto es que ha sido el viaje más improvisado que he hecho hasta la fecha, y es que fue hace tan solo una semana que cundió el pánico de última hora en casa en plan quéhacemosporlostreintadeSunnu, y los padres de las chicas decidieron que, después de haber vivido durante años en Kerala y tener familia allí, ¿por qué no hacemos una locura y alquilamos la típica casa-barco por un fin de semana? Aprovechando que nos hemos convertido temporalmente en un grupo bastante grande debido a la invasión de un contingente de franceses en el piso de GospelStreet  pensamos que podría ser un buen momento para plantearnos una experiencia de ese calibre.

Así que sin ton ni son, y de un día para otro, allí estábamos. Tres franceses, una india y una española embotellados en un coche con 11 horas por delante de carretera al sur, con destino Alleppey, donde nos reuniríamos con el resto de la family. Sí, 11 horas…

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De izquierda a derecha: Alex, Pierre, una servidora, Lucas, Rachel, Sunnu, Anoop (marido de Sunnu) y el padre de las chicas que nunca me acuerdo de su nombre porque siempre le llaman “appa” (papá)

 

El viaje fue insufrible. Bueno, o al menos eso me contaron los que sufren los viajes en coche (yo la verdad es que me dormí prácticamente todo el trayecto y no me enteré de ). Pero al fin llegamos, y en el momento en el que puse un pie fuera del coche supe que Alleppey se convertiría en uno de esos lugares en los que la realidad superaría todas mis expectativas. Y es que ya hacía tiempo había oído hablar de esta ciudad, ya me había dado tiempo a soñar con visitarla algún día, así que en cierto modo ya iba un poco predispuesta a dejarme enamorar. El río, la humedad, la lluvia (llovía), la brisa fresca, las palmeras bailando de un lado a otro, el barro, los perros, las canoas de bambú… y los barcos de madera. La mezcla del caos de la vida a en los barcos y la solemnidad del río…

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¡Nuestro houseboat!

 

¡Qué decir de Alleppey! Que fue breve, pero fue bueno y bonito, como casi todo lo breve… Y que me llevo el recuerdo de despertarme un domingo temprano por el fuerte goteo del monzón sobre nuestro barco de madera. El recuerdo de levantarme, ir al salón, abrir una puerta y encontrarme con el río a mis pies siendo golpeado sin merced por una lluvia de verano.. Una lluvia de verano que olía a una de las mejores lluvias de verano que recordaré a lo largo de mi vida y de mis viajes.

¡Namasté! Y que la Providencia te acompañe.

 

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Y esta es mi cara de felicidad de por fin he conocido Alleppey. Si quieres ver más fotos de mi careto no te olvides de que puedes hacerlo en mi Instagram: @laciudadelinfinito

 

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