Chikmagalur: Un paseo por las nubes

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos”

Libro de los Salmos (19:1)

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Ahora sí que empezaré por el principio.

Hoy te quiero contar sobre mi escapada a la ciudad de Chikmagalur, que está en el sur del estado de Karnataka, a unas 4 horas de Bangalore, donde yo vivo. Chikkamagaluru, significa, en kannada, “la ciudad de la hija menor”, ya que se dice que esta fue dada como regalo a la hija menor de Rukmangada, el legendario jefe de Sakrepatna. Pues eso, el Ruki, de toda la vida. Lo que hace especial este lugar es que, al ser una zona elevada, tiene uno de los climas más frescos y lluviosos de este estado, lo que da lugar a una gran vegetación y un paisaje de bosque muy, muy precioso.

El año pasado allá por noviembre decidimos pasar unos días en un centro de retiros perdido en ese maravilloso bosque frondoso, con motivo de las vacaciones de Diwali (una de las festividades hindúes más importantes en India). Por aquel entonces, el clan Gospel Street lo constituíamos todavía las tres señoritas: Rachel (India), Ella (Australia) y yo, y en este mini viaje nos acompañaron Anoop y Sunnu (India), Lobo (India) y Tim (Australia).

 

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De izquierda a derecha: Lobo, Rachel, Anoop, Ella, Sunnu (armada con el palo selfie , una servidora y Tim.

Lo cierto es que este fue el primer viaje que hicimos como grupo desde que yo había aterrizado en el piso, así que tengo un recuerdo especial y muy entrañable de esta escapada. Después de haber vivido mis primeros meses en Bangalore sumergida en el calor, el ruido, el tráfico y la contaminación, esos días en el bosque fueron como tomar una bocanada de aire fresco. Hizo un tiempo fabuloso por el día, y el fresquito de las noches lo disfrutábamos tomando birra al lado de una hoguera mientras cada uno compartíamos historias de nuestras vidas para conocernos un poco más. A veces también cantábamos, ya que fue en este viaje donde me descubrieron como “la chica del ukelele”, y por las mañanas, Rachel (que es profe de yoga), improvisaba algunas sesiones exprés, y tengo que decir que hacer yoga en medio de un bosque se convierte en una experiencia muuuuuucho más agradable y auténtica.

(Paréntesis: ¿Te he contado que la semana pasada empecé a tomar clases de yoga? Sí, ahora estoy en la India y hago yoga. El siguiente paso será hacerme vegetariana y ya seré del todo original..)

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Sin embargo, para mi lo más bonito de Chikmagalur fue la experiencia de subir al Mullayyanagiri, que es el pico más alto del estado de Karnataka. Tengo que confesar que, debido sobre todo a que íbamos con un tiempo limitado (a pesar de que nos levantamos a las 4:30 de la madrugada), nos ahorramos lo que podría haber sido un buen rato de senderismo alpino, y subimos la gran parte del trayecto en coche (por unos barrancos estrechísimos, por los que a veces tenían que pasar dos coches a la vez y nos ponía el corazón en la garganta). El tramo más intenso, sin embargo, lo escalamos a pie, ya que consistía en unos escalones de piedra muy empinados que, literalmente, te llevaban al cielo. A medida que subíamos y nos íbamos adentrando en las nubes íbamos perdiendo la visión por completo de lo nublado que estaba, de forma que ya no podíamos ver más allá del escalón que teníamos delante.

Al llegar, sin embargo, la visión que te encuentras es impresionante: el azul del cielo, el sol, y tus pies caminando sobre las nubes. Eso, acompañado del sonido de un fuerte viento que te golpea en los oídos… La verdad es que fue un espectáculo maravilloso que creo que se me quedará en la retina para siempre, y que confieso, me hizo emocionarme un poco.. Al estar allí, arriba, admirando ese momento, no pude evitar pensar en lo que habían sido aquellos últimos meses de mi vida.. Decidí que, de la misma manera, cada escalón que me había puesto la vida por delante había valido la pena tan solo por el instante del paisaje que se encontraba ante mis ojos en ese momento. Recuerda, Consu -me dije a mi misma- Vale la pena..

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Si quieres leer más cursilerías sobre este viaje, el año pasado escribí una mini- entrada acerca de la celebración de Diwali, que también fue una de los momentos más épicos del viaje. Por el momento te dejo con algunas fotos más.

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Namasté, y que la Providencia te acompañe. Si hace falta, hasta las nubes.. 🙂

 

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