Hampi: La diosa elefante y una cornada en el culo

“Dice que quiere que sea constante. Como el río…

¡…pero es que el río no es nada constante! Lo que me gusta más del río es que nunca es igual que ayer…”

Pocahontas

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¡Feliz domingo, día de reposo!

Hoy me gustaría hablarte de uno de mis lugares favoritos de la India y del mundo entero, y que a pesar de que tan solo lo he visitado dos veces y de forma muy breve, se ha convertido en uno de esos pequeños oasis de escapadas recurrentes de los que me marcho pensando: no sé cuándo, ¡pero yo aquí vuelvo!

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Hampi es una pequeña ciudad que se encuentra al norte de estado de Karnataka (¡otro destino “cerquita” de casa!) . Al parecer (porque me acabo de enterar haciendo un poco de research), esta ciudad fue declarada como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su relevancia como centro cultural y religioso, lo que la convierte en uno de los lugares de la India más visitados por los viajeros. Recuerdo que lo primero que pensé la primera vez que pisé Hampi fue que me encontraba dentro del cuento de “El libro de la Selva”, y es que se trata de una ciudad asentada sobre las ruinas de los templos hindúes de Vijayanagara, la antigua capital del Imperio Vijayanagara, y recuerda mucho a esas ruinas en medio de la selva donde vivía aquel primate rojo de la película de Disney que cantaba dubiduúuu quiero ser como tuuuuuú...

 

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Caminar por Hampi es caminar entre rocas gigantes, palmeras, riachuelos, templos, monos, verde, verde y verde, gente del pueblo que te sonríe, otras mochilas viajando a tu lado, hostales chill out con hamacas de colores y batidos de frutas tropicales … Es un pequeño paraíso hippie en el que es difícil no estar feliz. De hecho, han creado hasta un juego de palabras que dice “Be happy, be Hampi”, y no me extrañaría que si vas lo encuentres en alguna camiseta de algún puestecillo turístico. Esque somos así de cutres, los turists…

La primera vez que fui a Hampi fue en una visita exprés de un día, precisamente un domingo, con algunos voluntarios de la Fundación Vicente Ferrer, hace ya algo más de un añito (¡cómo pasa el tiempo!). Lo cierto es que fue una escapada muy divertida, pero reconozco que fue algo pretencioso por mi parte pensar que iba a “conocer Hampi” en un día, y bueno, terminó siendo un poco paliza. Llegamos temprano, alquilamos motos, recorrimos el pueblo, nos bañamos en el río, escalamos a los templos… todo bajo un solazo inmisericorde. Lo cierto es que al final del día acabé muy muerta, y el lunes siguiente estaba quemada y llena de agujetas, pero había valido la pena como primer acercamiento a la ciudad de Mowli. Tendré que volver, me dije..

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Bueno, pues si esto fue en junio del año pasado, fue hace un mes, en junio, que regresé a Hampi después de un añito de haber estado allí por primera vez. Como si deHampiaHampiytiroporquemetoca se tratase. Y esta vez, para mi pesar, también tuvo que ser una visita exprés de un fin de semana, por eso de que la vida es injusta y Dios cuando creó el mundo se le ocurrió descansar solo un día en vez de tres o cuatro… Que yo a veces cuando lo pienso me dan ganas de decir, de verdad, Dios, que ahí te columpiaste, creando el mundo y el universo en seis días y solo descansando uno, es un poco too much, ¿no?. Pero bueno, también es verdad que si Dios se columpia y dice ala, solo un día de descanso, pues tiene todo el derecho porque tiene poderes para hacerlo, pero eso no quita que tu y yo como simples mortales hubiésemos apreciado un par de días más, es un hecho biológico y científico de la vida que trasciende a todo ser humano independiente de su origen, cultura o religión…

Perdón, a veces me dan espasmos teológicos. Y ticks nerviosos en el ojo. Volvamos a Hampi.

El caso es que mi buena amiga Iris, voluntaria como profe de alemán en la Fundación Vicente Ferrer, me comentó de hacer una pequeña escapada de estas de desconectar de todo, y allí que nos cogimos un bus (bueno, yo tres, uno hasta Anantapur, otro hasta Hospet y otro hasta Hampi) y nos dimos unas vueltas muy majas por el paraíso hippie.

Momento anécdota:

Tuvimos una bienvenida interesante, una pequeña ternera que vino aparentando recibirnos muy amablemente (y a pedir comida, de paso), y que resultó ser una criatura infame, y es que claro, Iris tenía un plátano para darle, pero yo como no tenía nada me llevé de regalo una generosa cornada en el culo (!!!!). Y bueno, tuve suerte de que no fuera una vaca grande o un búfalo, porque hubiera visto las estrellas. Más estrellas..

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Iris siendo asaltada por la vaca infame

Bueno, a pesar de aquel pequeño traspié con el que empecé, el paseo por Hampi resultó de lo más tranquilo y agradable, y por suerte nuestro altercado fue con una ternera y no con los monos (estos en general tienen mala leche y ganas de comer todo el rato, y Hampi está plagado de ellos). Pareciera que aquí de animales va la cosa, y tal fue así que en algún momento decidimos que nuestra misión en aquella visita sería madrugar temprano un domingo para contemplar el baño matutino de la elefanta Lakshmi, un pobre animal que sirve de atracción turística para guiris y religiosa para los peregrinos que buscan recibir su bendición en uno de los templos (a cambio de un par de rupias, que no te pienses que las bendiciones se dan así, ¡de gratis!). Pero fíjate si no tendrá poderes esta elefanta, que esta ni día de reposo ni leches en vinagre, esta si que se columpia, todo el día ahí, bendición por aquí, bendición por allá, pa’ ti, pa’ tu madre, pa’ tu hermana, ala.. ¡y venga bendición!

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Foto de http://www.hampi.in

Y claro, Iris y yo no es que seamos unas escépticas o que cuestionemos la práctica como algo más bien degradante para el pobre animal, pero es que la gente güena ya tenemos bendición de sobra, y yo creo que ese día ya llevábamos el cupo de bendición completo después de mi cornada en el culo (eso debe de dar buena suerte como poco, ¿no?). Además yo estaba con la regla, y de todos es sabido que las mujeres no han de entrar en los templos en aquellos días en los que, digamos, estamos sometidas bajo el yugo de nuestro vulgar y profano ciclo menstrual (ay, de verdad, vaya ideas que tenemos las mujeres, eso de ovular). Así que claro, no íbamos a entrar en el templo para ver a la elefanta estando yo con la regla, que igual tu, occidentalillo, piensas pues que qué más da, que quién se va a dar cuenta de que tienes la regla, pero es que yo qué sé, imagínate que entras y pasa una movida de esas como lo que te contaban de pequeño de que si te hacías pis en la piscina se iba a crear un círculo rojo o naranja a tu alrededor y todo el mundo se iba a dar cuenta… ¿Y si entras con la regla y te cae un rayo del dios Shiva? ¿y si tienen los hindúes una especie de alarma-detector de reglas? ¿y si la elefanta Lakshmi lo percibe con sus poderes y en vez de bendecirte te suelta un trompazo en la cara..? No, no nos podíamos arriesgar, yo ya me había llevado una cornada en el culo. Tendríamos que encontrar otra manera de ver a la elefanta… la observaríamos mientras la bañaban por la mañana, así, sin ser muy creepers o invasivos…

Bueno, el tema es que madrugamos ese domingo y fue una aventura encontrar el lugar donde bañaban a la elefanta Lakshmi (lo hacen a escondidas precisamente para que  los turistis como nosotros no nos aprovechemos del espectáculo sin pagar unas rupias). Pero bueno, no nos importó mucho ese día, y allí que nos sumergimos en una selva de juncos a la orilla del río, siguiendo lo que parecían las gigantes pisadas de la elefanta, y después de acabar medio empapados, llenos de barro y con complejo de Indiana Jones, finalmente conseguimos llegar a un lugar apartado en el río donde la diosa disfrutaba de su baño, totalmente indiferente a nuestras miradas de curiosidad. Claramente, el tipo que la bañaba no parecía muy contento de que hubiéramos encontrado su lugar secreto, así que intentamos no molestar mucho..

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La elefanta Lakshmi en su baño matutino

 

El resto del viaje fue más bien tranquilito, ya que al ser época monzónica nos cayó algún que otro chaparrón, lo cual para mi fue maravilloso. Me encanta la lluvia, y además el único recuerdo que tenía de Hampi era de un lugar muy bonito pero donde hacía un calor horroroso, así que esta vez lo disfruté mucho más en ese sentido. Sin embargo, ambos viajes fueron muy especiales por distintas razones, por distintas circunstancias y por distintas personas.. Y es que algo en lo que he estado reflexionando en mis últimas andanzas es que no sé si realmente alguna vez vuelves al mismo lugar… Ya que la  realidad que nos rodea, tanto lugares como personas, todo cambia y se transforma constantemente. Por eso quizá el Hampi que conocí hace un año no fuera el mismo Hampi visité hace un mes… O quizá la chica que fue hace un mes a Hampi no sea ya la misma chica que viajó hace algo más de un año…

Bueno, que ya sabes que no me puedo ir yo de una entrada sin ponerme un poco zen. Qué se le va a hacer, is my style, baby 😉 Te dejo con algunas fotos de esta última excursión.

 

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Un hippie-abrazo, “be happy, be Hampi” ¡…y que la Providencia te acompañe!

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