“Pero… ¿con quién vas?” El miedo a viajar sola y el seguir tu propia brújula

“Es la flecha de tu sueño, hija… Ya sabes cuál es tu camino. Ahora, ¡síguelo!”

La abuela Sauce (Sí, ha quedado claro que soy muy fan de Pocahontas).

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Pero… ¿con quién vas?

Seguro que no soy la única a la que le resuena esta pregunta en los oídos cada vez que se sube a un autobús con la mochila en el hombro, o cada vez que siente el avión despegar del suelo, o cada vez que se despide con la mano desde detrás del cristal de un tren ya en movimiento. Y seguro que tampoco soy la única a la que le recorre por dentro esa pequeña dosis de adrenalina, ese sentir de como la vida te lleva y te enfrenta, una vez más, a lo desconocido. Seguro que no soy la única a la que le resuena esta pregunta en los oídos, y seguro que no soy la única que vuelve a responder a esta pregunta, una y otra vez, con el billete en la mano y una sonrisa de vértigo y satisfacción…

Sola. Viajo sola.

El año pasado apenas cumplí 24 añitos decidí subirme en uno de esos trenes que quizá solo pasan una vez en la vida… y decidí subirme sola. Un tren que, más que un tren, era un avión con destino final en Bangalore (India). Y está siendo un viaje que me está cambiando la vida.

Es verdad que fue una apuesta muy drástica: el pasar de vivir en el nido del hogar de mis padres a independizarme (o intentar ser independiente) en el otro lado del mundo, el vivir mi primera experiencia profesional en una cultura totalmente distinta nada más haber terminado la carrera y sin apenas experiencia previa. Un poco locura, ¿no es cierto? Y sin embargo, siento que ninguno de estos detalles de la aventura genera tantas preguntas, tanta inquietud o tanta estupefacción como ese de que “viajo sola”. Y es que, mientras desde la cultura india más tradicional me preguntan constantemente dónde está mi marido o cuándo planeo casarme (incluso me han llegado a preguntar si he venido aquí a echarme novio,  como si no tuviera otra cosa que hacer con mi vida), al mismo tiempo mi propia cultura o contexto social me bombardea con comentarios como qué valiente, o que si no me da miedo viajar sola, o que cómo ando así por esos lugares, que si la India es un país muy peligroso para una chica

El otro día volvía del cole en un autobús público y mi mirada se quedó perdida en una de esas pegatinas verdes pegadas en los cristales de las ventanas que rezan “women only” (solo mujeres), y que separa mi zona de la de atrás, destinada a los hombres. Y no sé por qué razón, pero el caso es que de alguna forma sentí que mis pensamientos se enredaban en aquella pegatina, y por un momento me sentí arrinconada de nuevo con esas preguntas que me han hecho, y que me he hecho yo a mi misma tantas veces desde el momento que puse rumbo a mi viaje hace más de un año. Pero, ¿con quién vas? ¿Y es realmente necesario? Eso de viajar sola…

No, quizá no sea necesario. O quizá sí. Quizá tan solo se trate de un (¿necesario? ¿innecesario?) grito de rebeldía en forma de billete de avión, de tren, de autobús… Y es que no creo que sea cuestión de ser valiente, o de que no te de miedo viajar sola. Creo que se trata, como tantas otras cosas en la vida, de cuestionar tus propios límites y apuntar a salir de tu zona de comfort. Es cierto que el miedo a veces es un arma necesaria, una herramienta natural que nos protege ante la realidad innegable de cómo son las cosas en el mundo en que vivimos y que ansiamos seguir descubriendo. Pero está en nosotros, en nosotras, la responsabilidad de decidir si queremos transformar ese miedo y someterlo a nuestra voluntad en forma de prudencia y sensatez, o si optamos por dejar que sea este miedo el que gobierne nuestras decisiones en forma de pesadillas y paranoias de me voy a perder, voy a tener un accidente, me van a robar, me van a violar, etc. Está en nosotros, en nosotras, la decisión de convertir estos miedos en una herramienta que podamos usar a nuestro favor, o dejar que se transformen naturalmente en una brújula de falsa seguridad que apunte siempre a mantenernos a ras del suelo. Sanas, y salvas, sí, pero a ras del suelo.. .

Y bueno, el suelo no está mal. La zona de confort. Es cómoda, es segura. Es predecible, es calentita. Pero no sé, yo creo que nosotros, nosotras, nacimos con otro tipo de brújula interna. Una que, por alguna razón, siempre apunta hacia arriba, hacia un poco más allá de nuestros propios límites. Como esa brújula de la película de Pocahontas, cuya flecha apuntaba siempre hacia sus sueños..

Así que no sé, a mi la próxima vez que me pregunten si es necesario que vaya sola, le echaré otro vistazo a mi brújula. No sé, ¿es necesario seguir un sueño, aunque nadie te acompañe en el camino…? Supongo que al final eres la única que puede responderse con sinceridad a esta pregunta, y decidir si quieres asumir los riesgos que eso conlleva. Y es que no hay nada más arriesgado, y a la vez más satisfactorio en la vida, que eso de seguir tus sueños. Como eso de viajar sola

Mujer viajera, sigue tu flecha allá donde te lleve. Y vuela lejos, y libre, y que un día el mundo se acostumbre a la huella que deja tu vuelo, y que no tengas que cargar con más peso de culpa, de miedos o de preguntas… Que la única carga que lleves sobre los hombros sea la de tu propia mochila.

 

pocahontas

¡Namasté! Y que la Providencia te acompañe, aún si nadie más lo hace. A mi de momento me ha llevado lejos.. 🙂

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Marie-France dice:

    Hay una frescura en tus escritos Consu, que m’encanta!
    Disfruta de tu “viaje” preciosa.
    Un abrazo grande

    Me gusta

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