5 Días en Rajastán y algunas lecciones de “solo traveller”

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Hace dos semanas toda la India se iluminó para celebrar Diwali, el festival de las luces, que venera de forma especial a la diosa Lakshmi (diosa de la buena suerte y la prosperidad) e indica la llegada del nuevo año hindú. En este festival se conmemora la victoria del bien sobre el mal, de la luz sobre las tinieblas, la victoria de Krishna sobre el demonio Narakasura y el regreso del dios Rama tras vencer a Ravana, rey de los demonios. Cuenta la mitología hindú que los ciudadanos llenaron la ciudad de velas prendidas para que Rama encontrase el camino de vuelta, y es por eso que en estas fechas todo se llena de velas y de luces.

Ahora, lo de los petardos de verdad que no lo entiendo. Que alguien me explique en qué momento de la mitología hindú los ciudadanos decidieron que querían honrar a sus dioses dejándoles sordos después de una jornada de lucha contra el mal tan intensa. Me imagino al pobre Rama:

Uf, qué día más largo he tenido en el curro, venciendo a los demonios del universo y librando del mal al mundo.. Menos mal que ya vuelvo a casa, y me puedo sentar a descansar tranquilamente, en el silencio de mi… Oh, no.. mierda, eso que escucho son petardos…¿? 

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El caso es que debido a este festival, que podría compararse con nuestra navidad occidental, los colegios declaran una semana de vacaciones, y yo ya sabía desde hacía tiempo que esta vez quería celebrar Diwali en el norte, donde la magnitud del festejo es mayor dado que en el norte de la India el hinduísmo tiene una influencia mucho más fuerte que en el sur. No sé si hubo más de ambición o de indecisión cuando empecé a planear este viaje, pero el caso es que este Diwali me pateé cuatro ciudades del desierto de Rajastán en tan solo cinco días: Jaipur, Udaipur, Jodhpur y Jaisalmer. Sí, a una ciudad por día. Sí, estoy loca.

Reconozco que este viaje ha sido mi primera experiencia real de “solo traveller” de verdad, de verdad de la güena, porque aunque es cierto que no era la primera vez que viajaba sola, sí que era la primera vez que organizaba mi propio viaje desde cero y tomaba absolutamente todas las decisiones al respecto de forma independiente, como elegir los destinos, el transporte, el hospedaje… Y lo más importante, elegir qué tipo de viaje quería hacer. Qué quería ver, qué no, qué quería hacer con mi tiempo, qué quería comer, dónde quería dormir, a quién quería conocer, a quién no…  He aprendido muchas cosas como viajera solitaria, batallando con la eterna tiranía de mi carácter indeciso, por lo que esta vez, en lugar de contarte detalles sobre los lugares que he visto, me gustaría hacerlo un poco más personal y compartir contigo algunas lecciones que he aprendido como viajera, y que creo que me van a servir en mis próximas aventuras.

Así que el martes por la noche, antes de salir de casa para dirigirme al aeropuerto, cargada con mi súper mochilaca de trekking de Decatlhon, mis zapatillas que nunca uso porque siempre acabo yendo en sandalias a todas partes, y mis gafas que perdería el tercer día de viaje, le dije a Rachel que me mirase, que qué mayor soy, que parezco una mujer fuerte e independiente, y ella se rió y me dijo que lo era, me dio un abrazo y me dijo que qué orgullosa estaba de mi (en uno de sus momentos “mami” que tanto la caracterizan). Y allí me fui, emprendiendo la aventura hacia lo desconocido,  con la cabeza bien alta y la mirada triunfante…

…solo para volver diez minutos después. ¡Me había dejado el móvil…!

 

#Día 1:  Jaipur.

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Jaipur, “la ciudad rosa”, es la capital del estado de Rajastán. Fue en esta ciudad grande, turística y comercial donde di mis primeros y últimos pasos de este viaje súper intenso, y fue aquí donde recibí mis primeras lecciones de viaje:

· Que es mejor dedicar tiempo a sentir un lugar, que ansiarte por intentar ver muchos lugares.  Jaipur es tan grande, había tanto que ver, que desde el primer momento me sentí abrumada por la indecisión: ¿dónde voy? ¿me da tiempo a ver esto, esto, y esto? ¿es muy grave si vengo a Jaipur y no veo este sitio? ¡no sabía que esto quedaba tan lejos de esto otro…! Por lo tanto, el primer día fue un poco agobio, y me cuestioné muchas veces si no habría sido muy exigente conmigo misma y con mi tiempo al planear el viaje. Así que literalmente, tiré el mapa y las instrucciones con las que había llegado, y me dediqué a deambular entre la gente sin mayores expectativas que las de disfrutar exactamente del rincón en el que estaba. Aprendí a improvisar.

· Que de verdad, de verdad, vale la pena ajustar tu viaje de forma que puedas dejar tu equipaje en algún sitio, porque recorrerte una ciudad enorme, a pleno sol y calor desértico y con una mochila que pesa más que tu… igual no es lo más ideal. Fue agotador, acabé reventada y preguntándome si sobreviviría a lo que tenía por delante.

· Que no es necesario ir de súper maja y escuchar a todo el mundo, especialmente a indios que te asaltan por la calle con dos palabras en español, te cuentan que han estado en Barcelona y que si conoces a no sé quién, que muestran sus intenciones de invitarte a algo para, finalmente, intentar venderte algo, habiendo desplegado todo su glamour y caballerosidad solo con fines comerciales (en el mejor de los casos). Lección importante viajando en india: si eres chica, y extranjera, eres el blanco perfecto (guiño, guiño) para un montón de cazadores de oportunidades. Así que te puedes permitir desconfiar dos, tres, o hasta cuatro veces de los motivos por los que la gente quiere entablar una conversación contigo. Y tienes que ser egoísta con tu tiempo, que tienes poco. No hace falta pararte a hablar con todo el mundo que quiere hablar contigo.

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#Día 2: Udaipur.

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Se dice que Udaipur es la ciudad más romántica de India, se conoce como “la ciudad de los lagos” o “la Venecia india”. Y es cierto que es una ciudad muy bonita, muy romántica, pero también muy turística, y por eso creo que fue genial poder coincidir allí con mi amiga Iris, una experta viajera, mujer fuerte, independiente… y mucho más 😉 que ya tiene experiencia suficiente viajando por la India como para haber desarrollado su propia filosofía de viaje. Ella sabe qué quiere ver y qué no, busca sentir los sitios con la mayor autenticidad posible, y por eso evita lugares súper aglomerados, llenos de “guiris”, como dice ella, y zonas muy comerciales. En lugar de eso, ella disfruta conociendo gente, visitando los pequeños negocios y atracciones locales, sin prisas y a su ritmo.

· En Udaipur, con Iris, aprendí que es importante conocerse bien a uno mismo y tener una filosofía de viaje propia y adaptada tus convicciones, una serie de “principios de viaje” que te ayuden a saber qué es realmente lo que quieres hacer, especialmente en los momentos de indecisión. Si quieres pagar por ver ciertas cosas, si de verdad necesitas ESA foto en ESE lugar, si una atracción turística te parece ética… Me di cuenta de que yo siempre había tendido a acomodarme a los planes de otra gente, simplemente para quitarme de encima la responsabilidad de tener que tomar decisiones sobre lo que quiero y lo que no. Siempre he sido la típica que cuando preguntan: ¿qué hacemos? soy la primera en decir: me da igual, lo que quiera la mayoría, y creo que a veces he confundido el ser flexible con el tener falta de opinión… así que aprendí mucho esquivando lugares con Iris en los que te cobran 10 rupias de más por el café, participando de una verdadera pooja de celebración por Diwali con gente local, colándonos por las callejuelas vacías de turistas y cagándonos de vez en cuando en la madre que parió a los niños que tiraban petardos…

· Otra lección de supervivencia que aprendí en Udaipur, o más bien, en el viaje a Udaipur, fue la de llevar siempre una botella de plástico vacía cuando viajas en autobuses nocturnos de más de ocho horas. Porque si vas con la ingenua idea de que el autobús realizará más de una parada para usar el servicio, como fui yo… En fin, que una botella de plástico te puede salvar la vida, especialmente si eres mujer y no puedes bajarte del autobús en mitad de la carretera, como haría un hombre. Así que me sentí muy agradecida por todas aquellas pruebas de orina que he tenido que realizar a lo largo de mi vida….

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#Día 3: Jodhpur.

IMG_20171020_131052Pues si Jaipur es la ciudad rosa, Jodhpur es la ciudad azul. Lo cierto es que en mi mente Jodhpur me parecía de lo más romántico, me imaginaba como una especie de Grecia azul, donde el cielo era azul y todo olía a azul. Sin embargo, reconozco que al principio del día me sentí un poco decepcionada con el paisaje de esta ciudad, que era la que en un principio tenía más ganas de conocer. No sé si es así siempre o si era el efecto del día después de la gran celebración de Diwali, pero el caso es que Jodhpur me pareció una ciudad fantasma, donde las calles estaban vacías y sucias, y lo cierto es que nos costó mucho disfrutar de recorrer las calles de esta ciudad debido a la constante amenaza de los niños- petardo, que de verdad que si al principio te hacen un poco de gracia, llega un punto en que Diwali te empieza a parecer un coñazo…

· La lección que me llevé de esta experiencia fue a no elegir los destinos de viaje en base a las fotos que ves en internet. Y es que aunque no me arrepiento de haber ido porque disfruté de un tiempo muy agradable dando vueltas entre las casas azules, acariciando a las vaquitas y tomando té por la noche una cafetería-tejado, lo cierto es que creo que lo hubiera disfrutado mucho más si no hubiera ido con mil fotografías de Jodhpur ya descargadas e instaladas en la retina, porque al final da la sensación de que te han hecho spoiler del sitio, pero encima un spoiler muy saturado de filtros. En este sentido, Iris también me compartió que ella nunca miraba fotos de los sitios que visitaba, y que prefería guiarse por recomendaciones de la gente de a pie, más que de blogueros expertos en instagramearlo todo. Es que qué sabia es mi amiga, ¡de verdad!

· Otra cosa que aprendí en Jodhpur fue en confiar en mi misma y a tomar las riendas de mis propias decisiones. Reconozco que hubo un momento en en el que me sentí tentada a abandonar mi plan de viaje inicial y directamente unirme al plan de mi amiga, cuya experiencia y sabiduría viajera le había enseñado que no valía la pena ir corriendo a todos los sitios (y por qué no decirlo, también era una forma de escaparme un poco de depender de mi misma). Sin embargo, yo quería completar mi itinerario, quizás ya no con ese afán de querer verlo todo con el que lo empecé, si no con el deseo de hacer que mi viaje siguiera siendo mío, mi elección, mis decisiones, y que fuera mi propia experiencia la que me enseñase a viajar, y no la experiencia de otras personas. Por esa razón, alegremente y con mucho amor y momentos vividos, Iris y yo continuamos nuestros respectivos viajes por separado. Fueron un par de días muy agradables.

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#Día 4: Jaisalmer.

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Jaisalmer es la ciudad dorada (sí, es que parece que yo elijo las ciudades por los colores…). Se llama así por el tono amarillento de la arena desértica que la caracteriza. Jaisalmer es especialmente popular por sus paquetes turísticos que normalmente incluyen paseos a camello por el desierto, shows de música y danza tradicional, visitas a las aldeas, y tiendas de campaña donde pasar la noche en el desierto (algunas de lujo, con váter y todo)

· En Jaisalmer realmente tuve que aprender el valor del descanso cuando uno está viajando. En mi mente, cuando lo planeé, estaba convencida de que llegaría a Jaisalmer y querría hacer absolutamente todo el plan de viaje: desierto, tienda de campaña, camello, etc. Pero cuando llegué, después de cinco horas de estar sentada y pasando calor en un autobús, lo único que quería era encontrar un sitio agradable donde dejar la mochila y echarme una siesta. Fue entonces cuando decidí que Jaisalmer no sería para nada el viaje que había proyectado, y que en lugar de recorrer el desierto me quedaría en el pueblito, que me parecía encantador, visitando los templos y caminando por las calles del fuerte que se elevaba imponente sobre la ciudad. Creo que fue una buena decisión,  ya que solo en el fuerte podías pasarte el día entero caminando de lo grande que es, y de todas formas no estaba yo muy convencida de utilizar a los camellos como para fines turístico, y decidí que quizás era una buena idea el incluir en mi nueva filosofía de viaje el no participar en actividades que me levanten sospechas de explotación animal…

· Otra cosa que aprendí en mi paseo por la ciudad dorada, o  más bien, una decisión que tomé y que creo que es importante tomar como viajero, es hasta qué punto quieres documentar tu experiencia. En otras palabras, a qué nivel quieres que las redes sociales vayan contigo como compañeros de viaje. Lo cierto es que no tenía muy claro este punto cuando empecé el viaje, y aún así tomé la decisión un poco por instinto de que no iba a utilizar Instagram o Facebook durante el tiempo que durase mi viaje, y lo cierto es que fue una de esas decisiones poco planeadas pero de lo más acertadas. No tengo muchas cosas en contra de las redes sociales, pero es cierto que me he dado cuenta de que, con todo esto de las historias y el querer compartir con otros lo que estamos haciendo, se nos va la olla. No lo juzgo, pero creo que he decidido que no quiero viajar para los demás, porque creo que es añadir en tu equipaje el peso del tener que contarlo y enseñarlo todo, dónde estás, qué estás haciendo, qué estás comiendo… Y aunque puede resultar atractivo a veces, creo que al final tanta foto y tanto grabar te desgasta y le quita autenticidad y personalidad a tu experiencia, y que al final las mejores cosas en esta vida se viven en el mundo de lo íntimo. Por esa razón decidí renunciar, no tanto a la documentación del viaje (porque sí que he hecho muchas fotos y vídeos pensando en compartirlos en algún momento), si no a esa instantaneidad de la interacción mediática del momento, a ese “esto es lo que estoy haciendo, aquí, y ahora”. Mis redes sociales y el blog tendrían que esperar… yo estaba ocupada viviendo el momento.

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#Día 5: vuelta a Jaipur.

Este día fue con diferencia el más cansado, y me enseñó tres cosas:

· Que aunque me gusta y disfruto de moverme en transporte, y lo considero como parte de la experiencia, los viajes de más de doce horas en autobús no valen la pena. Sobre todo si viajas con tan poquito tiempo, como hice yo.

· Que no importa que los autobuses no tengan aire acondicionado, es importantísimo ir siempre muy abrigado porque a veces te sorprende el frío (sobre todo si viajas de noche por el desierto,) y de verdad que con el frío no pegas ojo. De verdad, que me hubiera encantado ahorrarme esta lección.

· Botella de plástico. Ah, eso ya lo he dicho antes…

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#La mejor lección de viaje

Sí, he aprendido muchas cosas en este viaje por el norte. He aprendido a no sobrecargar la mochila, a no gastar más de lo necesario, a regatear absolutamente todo (hasta la habitación donde vas a pasar la noche), a no hablar con todo el mundo, a llevar ropa adecuada para cada situación, a no sacar fotos de absolutamente todo, a no ir corriendo a los sitios… Pero paradójicamente, creo que la lección más importantes que he aprendido en mi experiencia como “solo traveller”, es que quizá aquello que más me gusta de viajar sola, es la gente. Parece una contradicción, pero no lo es, realmente me he dado cuenta de que es cuando viajas sola cuando más oportunidades reales surgen de conocer gente, de dejarte llevar un poco, de aceptar planes, de mantener conversaciones… Y es que puedes aprender ciertas cosas de un lugar admirando sus paisajes y contemplando su arquitectura y sus monumentos, pero creo que aprendes mucho más de un lugar cuando alguien de allí te invita a un chai, o te enseña su casa, o su tienda, o te cuenta su vida en el autobús, o te invita a una celebración o a un festejo familiar… Creo que eso es lo más valioso de los lugares, más allá de los sitios que puedas visitar. La gente que lo habita.

Así que si de todo esto te puedo dar un consejo viajero sería ese: allá donde vayas, intenta conectar con la gente. Hace que tu experiencia sea mucho más enriquecedora.

Namasté, ¡y feliz Diwali!

 

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