Capítulo 18: La India y mis mujeres

¡Hola!

Lo sé, tengo esto un poco abandonadito. Ya intentaré contarte por qué, más adelante. La vida, que no le da a una tregua, con sus giros de 360 grados (¿365…?), con sus sorpresas y sus cambios de rumbo.

Pero no quería dejar pasar la ocasión especial del 8 de Marzo, el día de la Mujer, para aprovechar y presentarte a algunas de las joyas que me han rodeado estos últimos…¡casi dos años! desde que vine a vivir a India. Lo cierto es que me haría falta escribir un libro para hablar de todas las mujeres que se han cruzado en mi caminar por este país, y que han sido musas y fuente de inspiración. Pero hoy no quiero hablarte de María Teresa de Calcutta o de Indira Ghandi, tampoco de Ana Ferrer. Hoy quiero hablarte de mis mujeres, esas que han dejado una huella imborrable en mi vida con su compañía y su presencia en mi vida cotidiana, con sus lágrimas y sus carcajadas, con sus luchas, con sus palabras de aliento y con su amor por la vida, muchas veces injusta. Te presento a algunas heroínas sobre las que no hablan los libros, pero sobre las que habla el viento que sopla en mi oído cada vez que necesito dirección, estímulo y referentes. Te hablo de esas con las que he caminado de la mano en esta etapa de mi vida tan incierta, las que me han agarrado cuando me caía y han sabido soltarme cuando necesitaba aprender a caminar sola.

Y sin más dilación, ¡te presento a mis mujeres! 🙂

Rachel

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“Eres luz, no lo sabes y eres luz. Y cada vez que te vas, se apagan todos los faros del mundo y mueren en sus orillas los mares negros. Y cuando llegas, contigo regresa el verano, y hasta se atreven a volar los pájaros, y se vuelven los girasoles a mirarte. Eres luz, lo sé, y hasta la noche lo sabe” 

Irela Perea

Creo que ya conoces a Rachel, pero si no, déjame intentar describirte con pinceladas muy humildes a este torbellino, este continente de persona.

Rachel es mi hermana, mi amiga, mi compañera y maestra. Es fuerza y es fuego. Rachel es el grito triunfante que se ahoga en la voz quebrada de la mujer india: es salvaje, rebelde, dolida y sacrificada. Es constancia, sufrimiento, valentía… luz en la oscuridad. Y es que sí, Rachel me ha enseñado que la luz brilla más en los lugares más oscuros, y que es ahí donde debemos estar. Que la vida es corta y perfectamente imperfecta, que la aventura es un regalo y que no hay tiempo que perder en intentar acomodarnos en lo políticamente correcto. Rachel me ha enseñado que nos debemos a los demás diariamente, con nuestras diferencias y nuestra frustración con el que nos hace daño. Me ha enseñado a salir de mi zona de comfort, y a no a conformarme a los moldes, a las expectativas y a las reglas no escritas de este mundo. De Rachel he aprendido a tomar las riendas y a galopar hacia el rumbo que marcan los latidos de mi corazón. Me ha enseñado que la vida es más bonita cuando nos dejamos llevar por ella y por su carácter impredecible e intempestivo, y cuando nos entregamos a otros sin reservas y sin miedo a perder.

Hoy celebro a muchas mujeres, pero si tengo que honrar especialmente a una mujer en esta etapa de mi vida en India, hoy celebro a Rachel por delante de ninguna, y por eso la menciono la primera. Y es que ella es “mi mujer”, a día de hoy: la primera que veo al levantarme todas las mañanas, y la que me dice “Goodnight, love” todas las noches.

Y la voy a echar de menos. Mucho…

 

Iris

“Está vestida de fuerza y dignidad… y se ríe sin temor al futuro” – Proverbios

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Iris. Qué pedazo de tía. Sé que ya te he hablado de esta mujer, y es que ha sido mi compañera de aventuras en muchas ocasiones. Quien la conoce sabe que ella es casi más india que la India misma. Es la definición más acertada de “mujer fuerte e independiente” que conozco. Ella es espíritu, pero es cercana y auténtica como la que más. Esta rubia bella me ha hecho aprender a quererme más a mi misma, con mis rarezas y mis contradicciones,  me ha empoderado con sus palabras de aliento y me ha hecho reconciliarme con mis inseguridades y mis debilidades. Hablas con ella y de repente parece que todo está bien, que el universo pelea a tu lado y que todas las cosas funcionarán tarde o temprano a tu favor. Admiro su valentía, su cabeza bien alta y su sonrisa al mirar hacia el futuro, sin una pizca de miedo… Y es que es así, Iris te hace perder el miedo. Gracias por enseñarme, no solo a creer más, si no también a confiar mejor. Eres una crack.

 

Carmen

“Su risa es una ducha en el infierno” – Luis Alberto de Cuenca

img_20160619_125626-1.jpgQué bonito es cuando la vida te trae nuevas amigas, y te las trae tan llenas de sorpresas. Llenas de historias, de países, de viajes, de anécdotas, de libros, de poesías, de canciones… ¡llenas de años de vida! Hoy quiero honrar y escribir unas pinceladas a la mujer de las pinceladas, a la que siempre tiene palabras de amor para TODO el mundo (¡incluso para los que no pasan su filtro!). Y es que ella es así, se queda con lo positivo de todo y de todos. Ella me ha enseñado a “no querer más dramas en mi vida”, a que “la vie est rose”, a que “je ne veux pas travailler”(aunque es la persona más trabajadora que conozco), a que siempre es un buen momento para cantar una canción…. y para tomarse una cerveza. Carmen es un espíritu libre, incansable, indomable, y una persona que se ha ganado toda mi admiración y mi respeto. No sé si te harán una estatua de oro en la India, pero en mi corazón ya tienes una estatua de oro, y no me olvido de adornarla cada día con collares de flores y con plátanos…

 

Vanilla y su hija, Mónica

“Detrás de una mujer poderosa se encuentra ella misma luchando contra todo, cada día…”

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Vale, os presento a las dos mujeres (bueno, más bien mujer y mujercita) que literalmente me salvan la vida todos los días y sin las que puede que no hubiera sobrevivido a la India, o al menos continuado mi vida con un mínimo de cordura. Me salvan de ahogarme en mi propio desastre y desorden, de enfermedades e indigestiones, de animales salvajes (los que han visto las ratas y las cucarachas de Bangalore sabrán que no exagero).  Me salvan la vida todos los días, siempre con sus sonrisas, su inglés quebrado y su chai súper azucarado.

Pero por encima de todo esto esto… Todos los días, de lunes a sábado, estas mujeres me salvan de mi misma. Me salvan de mi victimismo y de mi ingratitud. Me salvan de mi egoísmo y de mi falta de comprensión del mundo. Me salvan de mi enfado y de mis quejas, de mi insatisfacción y frustración. Me salvan de rendirme y de tirar la toalla ante lo que pienso que son problemas…

Vamos, que si soy una mujer algo fuerte e independiente hoy…es gracias a que dependo, y a que me sostienen los brazos de mujeres verdaderamente fuertes, como ellas. Como Vanilla y Mónica.

 

¡Las súper profes!

“Y aquel que recibe a un niño como éste… a mí me recibe” – Jesús

 

 

Bueno, es que estas mujeres son las que a mi me vuelan la mente y la cabeza. Son súper-heroínas. Mamás, artistas, viajeras, indias… ¡¡y profes!!! ¿¿Qué más quieres??

Cada mañana tengo el privilegio de ser testigo del milagro de la vida y de la fuerza del amor a través de las sonrisas, la paciencia infinita y el espíritu incansable de estas mujeres. No tengo palabras para describir lo bonitas que son, pero lo quiero intentar.

Estas mujeres han sido todo en mi día a día: han hecho de madres, amigas, compañeras de curro, hermanas. Me han dado de comer, me han vestido, me han alojado en sus casas, me han hecho tartas por mi cumpleaños, me han llevado de compras, me han visitado en el hospital…  Sin vosotras toda esta experiencia hubiera sido completamente diferente, y mi corazón no puede más que explotar de agradecimiento.

Me gustaría hablarte de Minette, una artista, súper mamá, repostera emprendedora… Sus tartas te endulzan el paladar… Su sonrisa y sentido del humor te endulzan el alma. O de Sangita, mujer fuerte e independiente, luchadora, soñadora, artista y también emprendedora. De sus lápices y sus pinceles brotan colores que no sabías que existían…y su voz y su corazón humilde dibujan paisajes en los días más grises. La lista de emprendedoras fuertes e independientes la culmina Shweta, una intrépida aventurera, valiente viajera y bloguera, su espíritu libre y belleza (interior y exterior) no te dejan indiferente. Kavita es otra súper mamá, es dulce, fuerte y guerrera como ninguna, siempre dispuesta a ayudar y a servir a los demás, no importa quién sea y de dónde venga. Ella hace los mejores currys, y no sé cómo lo hace, pero con sus pequeños tuppers de comida alimenta a multitudes. Kavita es sinónimo de sacrificio y amor por su familia.  Por otro lado está Divya, que es pequeña, pero fuerte como ninguna. Es mi profe de Kannada, gracias a ella he sobrevivido diariamente a conductores de rickhaws, a dependientes de tiendas que me cobran más de la cuenta por ser blanca, a comidas muy picantes que he sabido rechazar amablemente (veda, veda, ¡tumba kara!). Ella me ha enseñado a cantar el himno nacional, pero también me ha enseñado la canción más bonita: esa que cantan los corazones agradecidos. Ashwini, su mano derecha, es pura energía, y creo que nunca la he visto sin una sonrisa en la cara. Tiene un corazón de oro puro y el mejor sentido del humor. Se ríe de absolutamente todo. Ashwini me ha cuidado y acompañado en el momento más difícil de mi estancia en India, cuando estuve tres días ingresada en el hospital, trayéndome comida, chistes y conversaciones profundas. Poonam también estuvo ahí, otra mami preciosa, sincera, genuina y fuerte, además de ser una profe genial. La amaré siempre porque no solo me trajo comida y ropa para cambiarme, además me trajo la tercera temporada de “Juego de Tronos”, lo que me salvó del aburrimiento más profundo en esas noches en el hospital. Es un pedacito de cielo. Oh, ¿y te he hablado de Gracy? Grace es mi gemela perdida, mi compañera de las anécdotas más cómicas, aquella que me enseña a reírme de mi misma y de las pocas que comprenden lo que es vivir en nuestro propio mundo interior. Es bella, inteligente, romántica y enamorada de sus amigos y su familia. También puedo hablarte de Mahita, que es una bomba. Esta jovenzuela, aquí donde la ves, deportista, flaca y energética, es madraza de… ¡¡tres hijos!!! Todos nos preguntamos de dónde los ha sacado. Mahita es luchadora, fiel y firme en sus creencias y convicciones, bromea con todo el mundo y no se cansa de intentar hacerte sonreír. Anushree, por otro lado, está siempre está ahí, dispuesta a ayudar, a echarte una mano y a servirte en lo que haga falta. Es dulce, tierna y cariñosa, y no hace falta hablar mucho con ella para leer en sus ojos historias de lucha con finales de esperanza.

Y por último… Neema. No hay palabras suficientes en ningún idioma, ni español, ni francés, hindi, ni inglés… para describir todo lo que ha sido Neema para mi en estos últimos dos años en mi paseo por India. Neema es esa amiga que todos necesitan tener en su vida, sobre todo en esos momentos en los que te preguntas qué narices estás haciendo con tu vida . Rebelde y genuina, auténtica… Neema es una de esas personas que sé que me acompañarán en mi corazón allí donde vaya. Sé que no le van mucho estas cursiladas, y por eso no me voy a enrollar mucho al describirla, realmente sobran las palabras. Ah, no, me falta algo: GRACIAS. Infinitas. A ti, y a Dios, por recordarme a través de tu amistad que no todos los ángeles van a la iglesia con un vestido rosa y una sonrisa en la cara. Algunos tienen tatuajes en vez de alas, y un grito de guerra en lugar de una canción...

 

Las niñas de la Escuela Profesional

“Crees que vienes a salvar el mundo… pero en realidad vienes a salvarte a ti mismo” – Vicente Ferrer

Por último, me gustaría despedirme mencionando a las alumnas de la Escuela Profesional en Anantapur: A Narmadita, a Subbu, a Lakshmi, a Sarada, a Gowthami, a Mangala, a Lalitha, a Savithri, a Uma… y a todas las que fueron “nuestras niñas” durante el tiempo que estuve colaborando con este precioso proyecto de la Fundación.

Gracias a vosotras, porque me habéis enseñado el verdadero significado de esta lucha con vuestro esfuerzo, vuestro amor y vuestra perseverancia. Es por vosotras que he aprendido a empuñar, sin reparos ni complejos, la bandera de la igualdad. Por haberme abierto los ojos a que la batalla es sangrienta y es real, y que estaba ciega si en algún momento pensaba que podía acomodarme en el espejismo de que ya habíamos alcanzado una meta, a la fantasía de que todas las voces habían sido escuchadas y que no quedaba nada nuevo por hacer, o por decir. Sí, es por vosotras que entendí que las heridas en vuestras manos y las ojeras en vuestros ojos eran solo síntomas de la enfermedad que sufre todo nuestro cuerpo. Y que no, no hay lugar en la tierra ni momento en la historia para cerrar nuestros ojos y ensordecer la agonía de la mujer en el mundo.

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En resumen. ¡Feliz día de la mujer! Y gracias en especial a la India y a sus mujeres, por recordarme que no se trata de pintadas en las paredes, ni de carteles, ni de símbolos, ni de palabras, ni de tatuajes… ni mucho menos de armas y enemigos. Gracias por recordarme que nuestra mejor arma es la del amor. Y no hablo del amor de princesas Disney (aunque es posible que así suene yo muchas veces…). Hablo más bien de ese amor apasionado y furioso, ese amor que sufre y sangra, ese amor que enciende la llama de fuego que hay en nosotras, y nos impulsa… Ese amor que nos arma, y que a la vez nos desarma.

Gracias por recordarme que es así, desarmada, como quiero ir a la guerra.

¡Namasté!

 

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